Sarelly Martínez Mendoza
En Marco Antonio Besares Escobar (Villaflores, 1959) hay personajes múltiples y creativos; una legión de ángeles, de seres imaginativos y risueños. Aquí me referiré solo a uno de ellos: el de mirada limpia de pajarero, construida con paciencia y filigrana, con ojos de asombro y esperanza.
Podría hablar también del servidor público; del que fueprocurador de Justicia de este complejo y retador estado; del que ha caminado por la jurisprudencia con propósitos de equidad y transformación social, o del que se ha desempeñado en la docencia y ha formado estudiantes en un bosque tupido de sombra generosa.
Marco Antonio Besares y sus diversos personajes concentranel asombro imperdible, la risa como signo de amistad, la magnanimidad sin quiebres y la incansable y radianteenergía por el conocimiento y por las artes. Una vitalidad de roble, de colibrí de aleteos rápidos, pero con pausas. Se inventa mil oficios, todos bellos, todos entretenidos, porque en ellos imprime su pasión, su gozo y su alegría.
Es, más allá de sus diferentes vidas, un hombre cuya vocación es apreciar y crear, vibrar, amanecer e ilusionar. Es un artista meticuloso y propositivo.
No conocía a su heterónimo, al más complejo e incansable: al pajarero. Un ser que filosofa, que descifra la existencia a vuelo de pájaro con el más aguerrido y deslumbrante ataque de águila arpía o con el más reposado ascenso de paloma torcaz.
Este personaje, este pajarero con mirada al cielo, me era desconocido. No me había adentrado en su mundo de plumas y planeos.
Recién leí su magnífico libro El idioma de los pájaros; imágenes, crónicas y poemas sobre las aves de Chiapas,publicado en 2017. Leerlo fue seguirlo por veredas, papalotear entre quebrachos, caminar y descubrir momotos y pájaros pescadores. Pero más que ese aletear, lo fascinante del libro es mostrarnos el disfrute de la mágica cotidianidad.
Esta versión me fascina porque este filósofo del vuelo es un extraordinario escritor y pensador: descubre frases, las recrea y salen tan fáciles de su boca que provoca la risa, que entretiene, que educa. Valoramos su compañía; las palabras de aliento, la sanidad y la posibilidad de encontrar motivos para seguir revoloteando en medio de la desazón. Es un ser sin prisas que se pone las alas y disfruta del vuelo, a veces enlas alturas y en otras ocasiones a ras de matorrales. Es un hombre de paciencias, trinos y canciones.
Un vuelo sin afán solo lo emprende la persona sabia que se empeña en cumplir su misión en la tierra, así tenga que enfrentar todas las batallas, porque lo suyo es admirar la travesía de las aves y cuidar el jardín, como quería Voltaire, porque es una de las formas de acercarse a la felicidad y salvar al estropeado planeta.
Este personaje, del que ahora prologo su fascinante libro, ha desarrollado la habilidad sensitiva del avistaje en los terrenos más hermosos y difíciles. No solo mira. No solo observa. También las captura en su patadechucho: una cámara Canon, adiestrada para el registro fugaz de alas multicolores o monocromáticas.
El heterónimo de Marco Antonio Besares Escobar escribe también poemas al colibrí, al arte de emprender el vuelo y a la sabiduría del reposo. También es pintor, y de los grandes,que logra combinar colores tan fascinantes como los animales que persigue.
Por este pajarero sabio sabemos que el simple zanate tiene tantas diferencias y tonalidades como el arcoíris. Pero afanados como estamos por la tecnología no sabemos distinguir al zanate sargento del garrapatero, al clarinero del que se baña despreocupado a unos metros de nuestra vista.
Vuelo sin afán, que continúa su luminosa pasión por los pájaros, es canto y celebración por la pausa y el destello; por la sabiduría de saber volar y saber descansar.
Adentrarse en este libro es acompañarse de pájaros. Es seguir la pista y el camino de un hombre cuya vocación es la celebración, la búsqueda, el afán de la alegría y el reposo.
Este observador genial me recuerda a John Alec Baker, autor de la obra maestra El peregrino, quien a inicios de los 60descubrió a un halcón peregrino, y ese encuentro marcó su fascinación por esa ave. La siguió, la persiguió durante 10años, hasta ser hombre pájaro y alas de libertad.
El pajarero –ese autor cómplice que le escribe, le toma fotos y le pinta cuadros maravillosos al doctor en derecho y notable jurisconsulto– camina por todos los caminos de Chiapas, es un peregrino de alas amplias y raudos vuelos, capaz de aterrizar en Macondo para encontrarse con el amaestrador de aves, Melquiades y su aprendiz de mago en las palabras, el joven de flores amarillas, un tal Gabriel José García Márquez.
En Vuelo sin afán hay luz. Hay belleza. Hay propuesta para recuperar nuestra biodiversidad y para que perviva el antiguo arte de volar.
Urge proteger al mundo que se desgaja, para que siganexistiendo plumas y alas y pajareros –heterónimos de Marco Antonio Besares Escobar–, concitadores de la magia de las palabras y de imágenes deslumbrantes como las atrapadas en Vuelo sin afán.




















































