May Rosas
Zebadúa, un oportunista sin memoria
La política chiapaneca suele ofrecer espectáculos de transformismo que harían palidecer a los mejores ilusionistas de Las Vegas. En este escenario de espejismos y conveniencias, la figura del diputado federal Joaquín Zebadúa Alva destaca por una elasticidad ideológica digna de un estudio científico profundo. Quienes observan desde la barrera ven a un hombre que se desvive en elogios hacia la izquierda más pura, alguien que jura llevar el ADN de la transformación en cada poro de su piel, aunque la memoria histórica, esa terca disciplina que no olvida nóminas ni decretos, cuenta una versión mucho más matizada y cínica de su ascenso.
El relato oficial que Zebadúa intenta vender en los cafés de Tuxtla y en las plazas de Berriozábal es el de un luchador social forjado en la adversidad. La realidad es que su patrimonio y su pericia burocrática fueron amamantados por las ubres del sistema que hoy tanto desprecia en sus discursos de tribuna. Entró por la puerta grande de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas durante los años de gloria del panismo de Felipe Calderón. Ahí, entre la conservación ambiental y el cobijo del poder federal, aprendió las mañas de la administración pública. Lejos de la resistencia civil, Joaquín disfrutó del aire acondicionado institucional durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, estirando la liga de su permanencia hasta que las circunstancias lo dejaron fuera de la jugada.
Fue precisamente en ese instante de orfandad presupuestal, cuando la chamba se terminó, que el funcionario del sistema descubrió su vocación revolucionaria. La metamorfosis no fue producto de una lectura profunda de Marx o de un despertar espiritual en la Selva Lacandona, fue el pragmatismo puro de quien sabe que para sobrevivir en el ecosistema político hay que mudar de piel antes de que el invierno te alcance. De un día para otro, el colaborador de los gobiernos tecnócratas se volvió el más ferviente crítico de Peña Nieto, buscando desesperadamente el cobijo del Movimiento de Regeneración Nacional que empezaba a devorarlo todo.
Su llegada a la Presidencia municipal de Berriozábal fue el primer gran acto de esta tragicomedia. Se vendió ante Rutilio Escandón como la pieza ideal, el puente necesario, pero la verdad es que su victoria no fue mérito de un carisma desbordante ni de un plan de Gobierno visionario. Ganó porque la ola de Andrés Manuel López Obrador era un tsunami que arrastraba hasta los troncos secos hacia la orilla del triunfo. Ya instalado en el poder local, la máscara de eficiencia administrativa se le cayó más rápido que una promesa de campaña.
Los habitantes de Berriozábal guardan recuerdos muy claros de esos años, pero no son precisamente recuerdos de progreso. La memoria colectiva está teñida por el olor de la basura acumulada en las esquinas, la penumbra de calles sin alumbrado público y la sequedad de los grifos que dejaron de dar agua. Mientras el pueblo padecía los servicios públicos más básicos, Zebadúa tenía la mirada puesta en otro lugar. Su gestión funcionó como una caja de resonancia y una fuente de recursos para su siguiente salto. La Presidencia municipal fue el trampolín, y los recursos del ayuntamiento, según acusan quienes vieron de cerca el manejo financiero, se desviaron para alimentar una campaña anticipada que lo llevara a San Lázaro.
En aquel entonces, su lealtad tenía nombres y apellidos claros. Caminaba de la mano de Pepe Cruz, aprovechando la Red Chiapaneca de Municipios por la Salud para atraer millones de pesos que, curiosamente, servían más para el lucimiento personal que para la salud pública real de los ciudadanos. El agradecimiento hacia Rutilio Escandón y Pepe Cruz parecía eterno, pero en la política de intereses volátiles, la gratitud caduca antes que un producto lácteo al sol.
Como bien cantaba Sabina, ese amor duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks. En cuanto el viento cambió de dirección y Zoé Robledo pareció representar la nueva ruta hacia el poder, Joaquín no dudó en saltar del barco. Se convirtió en el promotor número uno de las aspiraciones de Zoé, lanzando dardos cargados de veneno contra quien hoy sostiene el timón del estado, Eduardo Ramírez. Las críticas de aquel entonces no eran sugerencias constructivas, eran ataques frontales destinados a invalidar al hoy gobernador.
Sin embargo, la vida y sus vueltas irónicas nos muestran a un Zebadúa diferente. El mismo que escupía fuego contra el senador Ramírez, se colgó de su figura con una sonrisa ensayada para asegurar su reelección como diputado federal. Es un espectáculo fascinante de contorsionismo político, que ante la elección del 2027 busca repetir. Ahora, pretende encajar en una ecuación donde claramente sobra, intentando colarse a una diputación local de “cachuchita” o formar parte del gabinete estatal, en un proyecto que él mismo intentó descarrilar.
Hay algo profundamente indigno en ese afán de permanencia a cualquier costo. Si Joaquín Zebadúa tuviera un gramo de esa congruencia que tanto presume, buscaría refugio en las instituciones donde realmente pertenecen sus afectos actuales. Sería más honesto pedirle a Zoé Robledo un espacio en el IMSS, una delegación o una dirección técnica donde pueda ejercer su burocracia sin tener que fingir una representación popular que ya agotó su crédito en las urnas del juicio ciudadano.
Ver a Joaquín intentar mimetizarse con la nueva administración estatal después de haber sido su detractor más ruidoso es un insulto a la inteligencia de los chiapanecos. Al final, los personajes que viven de saltar de rama en rama terminan por descubrir que, tarde o temprano, la gravedad de sus propias acciones los hace caer al suelo de la irrelevancia. Berriozábal no olvida el abandono, y el Estado no debería olvidar a quienes usan la lealtad como una moneda de cambio desechable. El diputado de la supuesta izquierda radical resultó ser solo un nostálgico del presupuesto, un hombre que nació y se desarrolló en el sistema del PRIAN, que hoy sobrevive en la confusión de una fe que solo profesa cuando hay una nómina de por medio.
Gracias querido lector, con gusto recibo comentarios, NOS LEEMOS EN LA PRÓXIMA…




















































