Valente Molina
Cañahueca.
Deporte exacerbado, áreas verdes transgredidas
Todos celebramos el decreto que convierte a Cañahueca como Área Natural Protegida. Es un acierto frente a la crisis climática, impulsa un modelo de ciudad con espacios verdes y refleja la preocupación del Gobierno con el buen vivir y una gestión pública basada en la empatía, el respeto y el cuidado de la Madre Tierra.
Conozco Cañahueca desde su inauguración en diciembre de 1982. Desde el barrio San Pascualito en Tuxtla, con los amigos de la cuadra hacíamos una feliz excursión los domingos para disfrutar este espacio natural. Desde entonces, sus 22 hectáreas han tenido una impactante transformación hasta convertirse en una especie de “gimnasio arbolado” (como bien lo bautizó mi amigo el productor televisivo Francisco Gordillo Gordillo).
Y suscribo este apelativo porque en cuatro décadas Cañahueca incrementó desmesuradamente el número de canchas, espacios de concreto, vendimias, ambulantes, pistas alternas, adoquines, brincolines, bicicletas, espacios con pasto sintético, y otros elementos para los que ha sido necesario talar árboles. La expresión de que “existe un relajante contacto con la naturaleza”se ha reducido a una frase del dominio público.
De entrada, en los años 80 las ligas de futbol generaron un fenómeno de apropiación del espacio. Establecieron días y horarios para los equipos infantiles, juveniles y veteranos. De manera tal que, si una escuela o institución deseaba tener un encuentro de futbol, debía solicitar permiso con los dirigentes de ligas.
Casi a la par arribaron las casetas de comida, dulces y refrescosazucarados. Empezó el monopolio y los cobros de piso. Después, en los 90, llegaron los brincolines con sus ruidosos compresores de aire. También arribaron los arrendadores de triciclos, bicicletasy caritos eléctricos. Ya no había paz. Por su parte, las administraciones municipales instalaban sin planear más aparatos deportivos por doquier y para ello fue necesario talar más árbolesde lo que se justificaban diciendo “ya están podridos”.
Durante el periodo gubernamental de Manuel Velasco hubo dos remodelaciones, en 2015 y 2018. Allí surgieron más locales comerciales, otras áreas de aparatos al aire libre, la cancha de squash y la de paddle. Y quedó sin ejecutarse la construcción de un foro cultural hundido.
En 2015 hubo la intención de construir una alberca olímpica. Unproyecto que iba a ser administrado por un empresario, dueño de una deportivo. Este proyecto de transformación era promovido por un personaje que recientemente fue parte del Patronato de la Cruz Roja en Chiapas, quien afirmaba que “ante el progreso, no podíamos vivir abrazados a un árbol”.
Justamente en 2015 y en contrapeso, surgió un grupo de ciudadanos preocupados por Cañahueca. Recabaron firmas para detener la tala inmoderada de árboles, la introducción de más aparatos o la construcción de otras canchas. Tuvieron reuniones en la Secretaría de Infraestructura que dirigía el Ing. Bayardo, pero sus esfuerzos no fructificaron. Cañahueca siguió transformándose. Vinieron las bicicletas estacionarias, un ring de box, llegaron los patinadores, hubo más kermeses, y destinaron un espacio dedicado al street workout (calistenia urbana).
La transformación de Cañahueca ha sido veloz y desmedida. Han ganado las actividades deportivas y de recreación. No la naturaleza. Recientemente el domo fue rentado para una fiesta privada, mismo espacio que ha tenido conciertos y presentaciones de dj´s. Y por si eso fuera poco, hoy existen bocinas distribuidas con una voz altisonante que ofrece recomendaciones y avisos como en el supermercado.
A un lado ha quedado aquella convivencia con la naturaleza en una relación de respeto, equilibrio, paz y armonía. Aunque aún hay esperanzas en la declaratoria de este espacio como Área Natural Protegida, pues implica el reto de desarrollar acciones para cuidar los recursos naturales y proteger la biodiversidad que genere una convivencia sostenible y humanista.
Cañahueca es hoy una romería bulliciosa. Se ha desprendido de su identidad primigenia. Ese es el reto, alejarlo de ser un “gimnasio arbolado” y reencauzarlo a un espacio natural, reforestar, darle paz, sonidos de área natural protegida, para que se configure un equilibrio entre el deporte y la naturaleza.




















































