Entre desnudos y mensajes de texto
Sheila X. Gutiérrez Zenteno
Desde 2017 uno de los temas que abordo en las clases que imparto sobre género y comunicación en la universidad tiene que ver con el sexting. Se trata del envío voluntario de fotografías o vídeos de contenido sexual explícito, a través de dispositivos electrónicos como teléfonos móviles u ordenadores. Especialistas en ciberseguridad señalan que el sexting no es un problema en sí mismo (el ejercicio de la sexualidad es un derecho), pero lo catalogan como una práctica de riesgo porque es posible perder el control del material.
El sexting forma parte de la vida cotidiana de cantidad de jóvenes y adolescentes ─lo sepamos o no padres, madres o tutores─ dado que puede ser parte del ejercicio de su sexualidad. Pensemos en dos escenarios, en el primero de ellos una pareja adolescente, en el segundo una joven.
Primer escenario. Imagine a una pareja de adolescentes preparatorianos texteándose todas las noches, viviendo su experiencia de enamoramiento juvenil cuando en una de esas tantas conversaciones digitales, a alguno de los dos se le ocurre intercambiar fotografías “juguetonas”. En la jerga de Internet a estas fotografías o videos se les llama nudes.
Él decide enviarle a ella una fotografía en bóxer, ella responde con un emoji de corazón sonriente ─ tuturno, le escribirá él─ ella decide fotografiarse de espaldas sin brasier viendo coquetamente hacia la cámara; ambos deciden elevar la apuesta y terminan enviando mensajes eróticos, fotografías desnudos en diversas poses y un video. Esto es sexting, aquí hubo un intercambio consensuado en el que participaron ambos (el envío pudo ser solo por una de las partes). Hasta aquí, todo bien.
Segundo escenario. Una joven observa su imagen desnuda ante un espejo, mientras lo hace decide fotografiarse de forma similar a uno de los personajes que vio en una serie juvenil; los teléfonos celulares hoy permiten la toma de autorretratos sin mayor problema. Elige fotografiarse replicando poses sexualizadas para ver su cuerpo desde una mirada diferente, se fotografía de espaldas, fotografía su cadera, su cuello, se fotografía desnuda frente al espejo. Busca ver su cuerpo desde diferentes ángulos. Al final hubo cinco fotografías que le encantaron y decidió compartirlas por WhatsApp a su mejor amiga. Hasta aquí todo bien.
Un día, el adolescente pierde su celular, y en él estaban todas las fotografías, los mensajes y el video que se tomó aquella noche y el sexteo que le compartió la novia por mensajería. Por otro lado, la segunda joven no sabe que su amiga decidió compartir en el chat de la escuela sus fotografías porque consideró que eran fantásticas. En ambos casos, tanto la pareja como la joven, decidieron ejercer su sexualidad sin hacer daño a nadie, pero al quedar expuesto el material que crearon, han sido víctimas de un delito que tiene consecuencias: desde el escarnio público hasta la venta de sus fotografías o videos. El material ahora es compartido en diversos sitios, termina en packs de nudes que se ponen a la venta, en sitios pornográficos o en grupos de redes sociales conformados por pedófilos, pederastas o vouyeristas. Físicamente son acosados, humillados y objeto de burla.
EL SEXTING UNA PRÁCTICA COMÚN
Las nudes son una posibilidad para explorar el cuerpo, y jugar con nuestra apariencia. La cámara fotográfica, un video o mensajes de corte erótico se convierten en una posibilidad para experimentar en la intimidad diversas facetas en torno nuestro. Podemos ver y vivir nuestro cuerpo y nuestra sexualidad de una manera diferente, el material puede comprender desnudos parciales, completos e inclusive permiten la recreación de personajes mediante ciertas prendas, orgasmo, masturbación. Experimentar es parte del proceso.
El problema inicia cuando lo que debió quedar como un ejercicio privado, termina siendo material de dominio público sin consentimiento expreso de quien (o quienes) aparece en las fotografías o videos, por ello al sexting se le cataloga como un ejercicio de riesgo, porque lo que para nosotras puede ser solo algo pícaro e inocente, si termina en las manos equivocadas puede terminar como fuente de acoso, bullying o inclusive comercializado.
El término tiene su origen en la combinación de la palabra sex (sexo en inglés) y texting (envío de mensajes). El concepto nace como parte de la jerga que se construye en Internet (Internet slang) consecuencia de las actividades que los usuarios realizan en estos espacios virtuales. Compartir videos o fotografías íntimos es una de esas actividades.
El sexting se distingue de otras prácticas porque requiere de cumplir ciertas características:
Es un ejercicio voluntario. Los mensajes, imágenes y videos son creados conscientemente por quienes aparecen en ellos; son enviados inicialmente por ellos mismos a otras personas.
Son de carácter sexual. Los contenidos tienen una clara connotación sexual: desnudez o semi-desnudez, también se incluye la descripción o el ejercicio de actividades sexuales, se consideran ambos soportes, fotografía y video.
Uso de dispositivos tecnológicos. Lo más habitual es usar el celular o el smartphone, aunque también puede utilizarse una tableta, la PC, una webcam o una portátil. Hay personas que hacen todo lo anterior a través de videollamadas (y se graban), a esto se le llama sexcasting.
NECESITAMOS HABLAR DE SEXTING
El ejercicio de la sexualidad en un entorno digital se puede convertir en un proceso muy doloroso cuando se pierde el control sobre el material que hemos compartido, puede incluso llevar a una persona a terminar con su vida.
Cuando empecé a trabajar con mis estudiantes este tema, en aquel entonces compartir o vender packs se estaba convirtiendo en una práctica normalizada entre parte del estudiantado del campus; trabajar el tema era necesario. Un pack, es una colección o un conjunto de fotografías o videos de naturaleza íntima, sexual o de desnudos que pudieron tener su origen en el sexting, pero que terminaron siendo compartidas o puestas a la venta sin conocimiento y aprobación de quienes aparecen en ese material.
Recuerdo que en aquella ocasión, las jóvenes y sus compañeros de clase, hablaron abiertamente de la forma en que a través de servicios de mensajería como Telegram o WhatsApp e inclusive sitios web, las fotografías de desnudos o videos íntimos de adolescentes o estudiantes universitarias eran comercializadas sin que estas lo supieran. Les pregunté si ellas se tomaban fotografías o videos de ese estilo, hubo quienes dijeron hacerlo, señalaron que las compartían a través del servicio de mensajería porque confiaban en la persona a la que le entregaban ese material, era una manera de darle seriedad a su relación.
Recuerdo que una de ellas me señaló que era su derecho ejercer su sexualidad mediante una fotografía de desnudo o haciendo un video íntimo, y es claro que no se cuestiona este ejercicio. Todas y todos en algún momento, hemos tenido la curiosidad de fotografiarnos desnudos, es también una manera de conocer, aceptar, rechazar o amar nuestro cuerpo. Pero no podemos descartar que es un riesgo compartir este material, quedamos expuestas.
RIESGOS AL EJERCER EL SEXTING
El principal riesgo del sexting es que las fotografías, mensajes o videos terminen almacenados, copiados y distribuidos entre tus allegados y gente que no conoces. Una vez que pierdes el control del material puedes ser víctima de acoso, hostigamiento, ciberacoso o bullying cuando este empieza a difundirse; alguien podría monetizar tus videos en canales de redes sociales, inclusive en sitios pornográficos.
Otro de los delitos que se configuran es el de la sextorsión. ¿Recuerdas a la pareja de adolescentes del primer escenario? Quien encontró su teléfono al ver las fotografías de ambos, puede utilizarlas para pedir dinero a cambio de ellas, para obtener fotografías o videos con un contenido más explícito (y hacer con ese material lo que desee) o inclusive exigir favores de todo tipo para no publicar el contenido que tiene en sus manos. Si no existe confianza en casa para exponer lo que estás viviendo o si no cuentas con redes de apoyo, probablemente cedas a los caprichos de quien tiene el material en sus manos.
Todo lo anterior tiene un impacto psicológico en quien enfrenta estas amenazas o ve expuesta a su persona. Los daños psicológicos y a la reputación son reales. Lidiar con la exposición pública de la intimidad tiene consecuencias emocionales, personales, familiares y profesionales para la víctima.
Afortunadamente hoy, en México, la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento es un delito penal, y especialistas en ciberseguridad han desarrollado guías formativas para hacer del sexting un ejercicio seguro.
De esto hablaré en mi próxima entrega.




















































