Transportistas intentan desalojar a madres y padres que pernoctan afuera del nosocomio
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La banqueta que rodea el área de urgencias del Hospital Regional Rafael Pascasio Gamboa no es para muchos un simple paso peatonal. Desde hace décadas, ese pedazo de concreto en el corazón de la capital chiapaneca es la extensión de una sala de espera que el sistema de salud no ha podido garantizar. Ahí, donde el olor a cloro se mezcla con el del humo urbano, familias enteras han levantado refugios con cartones, lonas y esperanza. Sin embargo, hoy ese refugio está bajo asedio: el gremio de transportistas locales ha decidido que su “derecho de sitio” vale más que la dignidad de quienes esperan noticias de un hijo o una madre.
El conflicto estalló a plena luz del día, cuando un grupo de choferes, presuntamente vinculados a la cooperativa Taxi Real del Bosque, confrontó con lujo de violencia a los familiares de los internos. ¿El motivo?, la sombra. En una ciudad donde el termómetro desafía diariamente los 40 grados Celsius, un espacio bajo un árbol no es un lujo, es una medida de supervivencia. Para los taxistas, esa sombra es espacio desperdiciado para sus unidades; para las familias, es la única barrera contra la deshidratación y la insolación.
El testimonio de Angie, una madre cuya voz se quebró, pero no se dobla, resume la tragedia de cientos. Su bebé está en el área de cunas; ella lleva tres meses viviendo en la calle, durmiendo sobre sábanas desgastadas y bañándose como puede.
“No estamos aquí por gusto, es necesidad. Estamos discutiendo este detalle de que nos dieran oportunidad de quedarnos acá… hay taxistas tan potentes que hasta nos avientan el taxi encima. Tenemos miedo de que nos asalten más noche donde no tengamos donde refugiarnos”, relató Angie mientras señalaba las improvisadas “lonas” que les sirven de techo.
La agresión no fue solo verbal. Las familias denunciaron que los transportistas solicitaron la intervención de patrullas y motociclistas de la policía local, no para mediar, sino para coaccionarlos a retirarse. La respuesta oficial fue, si cabe, más alarmante: los uniformados sugirieron que una solución para que las familias se fueran sería talar los árboles y retirar las lonas, dejando a los civiles bajo el sol inclemente de Tuxtla.
El caso del Hospital Pascasio Gamboa pone al desnudo una crisis social de múltiples aristas. Falta de Infraestructura.La existencia de estos campamentos es el síntoma de un hospital rebasado y de un estado que no ofrece albergues dignos para las familias que vienen de municipios lejanos.
El poder que los sindicatos de taxis ejercen sobre la vía pública ha llegado al extremo de privatizar banquetas, sintiéndose con el derecho de expulsar a ciudadanos vulnerables.
La sugerencia policial de “quitar la sombra” revela una carencia absoluta de perspectiva de derechos humanos y empatía.
Para las madres del Pascasio, la retirada de la prensa y la luz del día significa el inicio del terror. Denuncian que, al quedar desprotegidas, los choferes las hostigan con las unidades, acelerando cerca de donde descansan o lanzando amenazas de desalojo forzoso durante la madrugada.
“Si nos vamos más lejos, no escuchamos cuando nos llaman por nuestros bebés”, explicaron. La cercanía a la puerta de urgencias es vital. Un segundo de retraso en escuchar un nombre por el altavoz puede significar la diferencia entre despedirse de un ser querido o firmar una autorización médica urgente.
Mientras los taxistas argumentan que “pagan un derecho de piso” a sus cooperativas y que las familias “dan mal aspecto” o “ensucian”, la realidad social dicta una sentencia distinta. La calle es pública, pero la prioridad moral debería ser incuestionable.
El conflicto en el Pascasio Gamboa no se resolverá con patrullas ni con el retiro de lonas. Se requiere una intervención inmediata de la Secretaría de Salud y del ayuntamiento para garantizar un espacio digno de espera. Por ahora, las familias permanecen en guardia, defendiendo su pequeño trozo de sombra frente a un gremio que ha olvidado que, detrás de cada lona y cada pedazo de cartón, hay una tragedia humana que merece respeto, no agresiones.
La solidaridad ciudadana es hoy el único escudo de estas madres. En Tuxtla Gutiérrez, la lucha ya no es solo contra la enfermedad dentro del hospital, sino contra la indiferencia y la violencia que reina justo afuera de sus puertas.











































