Reportaron que la normalización del alcohol y el acceso a sustancias sintéticas han acelerado los problemas de dependencia en zonas rurales
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
El consumo de alcohol y drogas comenzó a instalarse cada vez más temprano en comunidades indígenas de Chiapas, en específico en municipios de la región Altos. Centros de rehabilitación y autoridades de salud advirtieron que menores de entre 10 y 12 años ya presentan cuadros de dependencia. Datos de la Secretaría de Salud indicaron que Chiapas mantiene un incremento sostenido en atenciones relacionadas con adicciones entre población juvenil durante los últimos años.
La normalización del alcohol dentro de contextos comunitarios comenzó a modificar la percepción del riesgo entre familias y menores de edad. Especialistas mencionaron que bebidas tradicionales como el pox continúan siendo de fácil acceso en comunidades indígenas. Registros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía estimaron que más del 28 por ciento de la población chiapaneca habla una lengua originaria, panorama que obligó a adaptar campañas preventivas en distintos idiomas.
El problema también evolucionó hacia el consumo de sustancias sintéticas en regiones donde hace algunos años no existían. Directivos de centros de rehabilitación alertaron que drogas como el cristal comenzaron a circular en comunidades rurales debido a su bajo costo y fácil acceso. Datos de la Comisión Nacional contra las Adicciones ubicaron a la comarca entre las entidades con crecimiento reciente en consumo de metanfetaminas entre jóvenes.
La intervención anunciada en 17 municipios indígenas buscó contener una problemática que ya comenzó a trasladarse a secundarias y preparatorias. Personal del Centra advirtió que la facilidad para adquirir alcohol y drogas redujo la edad de inicio en el consumo. Registros educativos estatales demostraron que la región mantiene altos niveles de abandono escolar en zonas rurales.
La expansión de las adicciones comenzó a perfilarse también como una crisis social vinculada a violencia familiar, pobreza y ausencia institucional en comunidades indígenas. Mientras centros de rehabilitación operan con recursos limitados, la demanda de atención continúa creciendo entre menores de edad. Especialistas alertaron que el reto ya no consiste en tratar la dependencia, también en impedir que niñas y niños encuentren en la calle su único espacio de refugio.











































