Se ha perdido la capacidad de regeneración debido al crecimiento urbano, deforestación y presión inmobiliaria alrededor de la reserva
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
La ciudad comenzó a perder temperatura natural desde que el concreto rodeó a El Zapotal y redujo el margen de respiración de uno de los últimos pulmones verdes de Tuxtla Gutiérrez. Lo que durante décadas funcionó como barrera climática frente al calor extremo hoy permanece atrapado entre fraccionamientos y expansión urbana sin control. Datos de la Comisión Nacional Forestal indicaron que Chiapas perdió más de 32 mil hectáreas de cobertura arbórea durante 2024.
La reserva ecológica dejó de ser un refugio para especies silvestres y se convirtió en un punto clave para la estabilidad climática de Tuxtla. Especialistas advirtieron que la degradación del bosque ya modifica la humedad ambiental y eleva la sensación térmica en colonias cercanas. Registros de la Comisión Nacional del Agua señalaron que la temperatura máxima promedio en la capital chiapaneca aumentó 1.8 grados durante la última década.
La presión no proviene del exterior, debido a que dentro de la propia reserva persiste un desgaste biológico que acelera el envejecimiento del ecosistema. La sobrepoblación de venados consume brotes y semillas antes de que el bosque logre regenerarse, lo que deja áreas cada vez más secas. Más del 62 por ciento de los municipios chiapanecos reportaron algún nivel de sequía durante la temporada más crítica de 2025.
La fragilidad ambiental de El Zapotal también incrementó riesgos para la población asentada en zonas bajas de Tuxtla Gutiérrez, debido a que la pérdida de vegetación en Copoya y El Jobo disminuyó la capacidad de retención de agua durante las lluvias intensas. Informes estatales estimaron que cerca del 40 por ciento de las áreas naturales alrededor de la capital presentaron alteraciones por cambio de uso de suelo y expansión habitacional.
La crisis de El Zapotal dejó de ser un problema aislado y comenzó a perfilarse como uno de los mayores desafíos urbanos para Tuxtla Gutiérrez. La disminución de humedad, el agotamiento de fuentes naturales de agua y el aumento sostenido del calor colocaron a la reserva en un punto límite. Si la urbanización avanza, la capital chiapaneca podría perder su principal regulador térmico en los próximos años.











































