May Rosas
Amor por las letras
Chiapas siempre ha cargado con un peso del que pocos fuera del estado tienen idea. Entre montañas difíciles y una deuda social que parece no tener fin, el rezago educativo se sentía como una maldición heredada, imposible de romper. Pero ahora, la política local atraviesa un momento distinto, uno que merece una mirada más honesta que la típica nota oficial. Eso se ve claro en el programa Chiapas Puede, que no es una bandera de campaña, es un programa que se convirtió en la columna vertebral de una administración que, bajo la Nueva ERA, decidió que aprender a leer y escribir es la mejor forma de rebelarse contra la pobreza.
Eduardo Ramírez Aguilar lo entendió bien. No basta con pavimentar caminos, aunque hacerlo es fundamental. Lo verdaderamente importante está en la dignidad que da el conocimiento. Cuando entregó kits de alfabetización, el gobernador citó a Emiliano Zapata. Es una imagen que tiene fuerza, sobre todo aquí, donde la lucha por la tierra siempre fue también lucha por el respeto. Al llamar la alfabetización un acto de amor y solidaridad, Ramírez Aguilar saca la política de la frialdad burocrática y la pone justo en el centro del sentir colectivo. No es un gesto menor. La ignorancia siempre ha servido a los autoritarismos, así que combatirla es, de verdad, dar pasos hacia una democracia real para despertar a la sociedad.
Las cifras que acompañan este esfuerzo hablan solas. Y, la verdad, quienes suelen dudar de todo deberían mirarlas bien. El Instituto Nacional para la Educación de los Jóvenes y Adultos, encabezado por Armando Contreras Castillo, ya muestra avances que dejan atrás varias gestiones previas. La meta suena a veces inalcanzable, pero los números dan motivos para creer. Ya van casi 130 mil personas que, por fin, rompieron el silencio de las letras.
¿Cómo funciona todo esto? Chiapas Puede puso en marcha a un verdadero ejército de nueve mil asesores. Jóvenes y profesionales que viajan hasta los rincones más lejanos de los 121 municipios involucrados. Operan ocho mil 500 círculos de estudio. A veces se reúnen en la mesa de una casa, a veces bajo un árbol. La meta apunta a ayudar, para 2026, a más de 120 mil personas. Pero más que el número, lo que sorprende es el rostro detrás de la cifra: el 70 por ciento de quienes aprenden a leer y escribir por primera vez son mujeres, y el 65 por ciento viven en comunidades indígenas marginadas. Estamos ante una política pública que no se limita a sonar bien en conferencias; aquí, la perspectiva de género y la pertinencia cultural se vuelven realidad.
Este proceso también ha atraído la mirada internacional. Adolfo Rodríguez Guerrero, desde la UNESCO, reconoce lo que sucede en Chiapas. Ellos ven estas prácticas como ejemplo para otros países. Eso habla fuerte: los materiales creados por el equipo de Roger Mandujano Ayala y la Secretaría de Educación tienen el rigor para cruzar fronteras. Y no se trata solo de armar palabras. Es liberar vidas. Leer tu contrato de trabajo, entender una receta médica o escribirle una carta a tu hijo te quita muchas vulnerabilidades.
En medio de tanta política dura, llama la atención que el gobernador aclare que este programa es del pueblo y no del Gobierno. Busca proteger la iniciativa de los usuales avatares electorales. De alguna manera, el sueño de Matías de Córdova, suena de nuevo en todo esto. El mensaje es simple, alfabetizar es el primer paso. Chiapas Puede también apunta hacia salud, infraestructura, y la paz social.
El poeta Fernando Trejo Trejo lo dijo bien, que la educación tiene su propio poema. Cuando los educandos reciben su cuaderno y su material, están sembrando una semilla de autonomía. La ignorancia ahoga; vencerla es el mayor legado posible. En un estado donde las diferencias han sido, históricamente, verdaderos abismos, ver a miles de adultos mayores y jóvenes indígenas aprendiendo lo básico es una señal de democracia viva.
Hay obstáculos, claro. Mantener miles de círculos activos en zonas difíciles exige mucha disciplina. Se necesita una voluntad de hierro. Pero la sociedad civil y las universidades ya están subidas al barco. Esto dejó de depender únicamente de una figura política; ahora es una causa compartida. Chiapas escribe su propia historia. Y esta vez lo hace con trazos claros, llenos de justicia, esperanza y un futuro donde leer sea derecho y no privilegio. Si la Nueva ERA logra su meta, se sentirá menos por la cantidad de números en el censo y más por la cantidad de voces con opinión y letra propia.
Seppuku: El asfalto chiapaneco conocerá el primer mundo a golpe de pedal y presupuesto público. El gobernador Eduardo Ramírez ha decidido apostarle al ciclismo con el inicio de los trabajos de lo que empiezan a llamarle la Zoque Vía. Se invertirán más de 100 millones de pesos en diecisiete kilómetros; una ruta conectará Tuxtla con Suchiapa bajo una iluminación digna de un estadio europeo y cámaras de vigilancia como la Casa de los Famosos. Aplaudimos la iniciativa de convertirnos en la Ámsterdam del sureste.
Gracias querido lector, con gusto recibo comentarios, NOS LEEMOS EN LA PRÓXIMA…




















































