Aunque el caso ha recibido atención nacional e internacional, los esfuerzos institucionales por hacer justicia real han sido tibios
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
Cuatro años después del asesinato de Simón Pedro Pérez López, defensor de derechos humanos, expresidente de la Sociedad Civil Las Abejas de Acteal y catequista indígena tsotsil, la herida sigue abierta en Los Altos de Chiapas. La justicia no ha llegado para su familia ni para los pueblos que acompañó en su lucha. Su crimen, ocurrido el 5 de julio de 2021, sigue siendo un símbolo de la impunidad estructural que arropa a quienes defienden la vida y la paz en una región marcada por la violencia, la presencia de grupos criminales y la omisión institucional.
UN CRIMEN QUE MARCÓ A LA COMUNIDAD
Simón Pedro fue asesinado a plena luz del día mientras realizaba compras con su hijo en el mercado de Simojovel. Un hombre a bordo de una motocicleta le disparó directamente en la cabeza y huyó del lugar. A pesar de que el autor material fue detenido y condenado, las organizaciones defensoras de derechos humanos, como el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba) y Las Abejas de Acteal, han denunciado que las autoridades no investigaron ni sancionaron a los posibles autores intelectuales del crimen.
La Fiscalía General del Estado de Chiapas (FGE) cerró la carpeta de investigación sin agotar todas las líneas que apuntaban a una posible ejecución planeada, motivada por el activismo del líder comunitario. Esta omisión, según el Frayba, representa algo más grave que negligencia: “Es una forma de tolerancia institucional a la violencia contra quienes defienden la vida”, afirmó Dora Lilia Roblero García, directora del organismo, durante las actividades conmemorativas realizadas este 4 y 5 de julio en Acteal.
¿QUIÉN ERA SIMÓN PEDRO?
Simón Pedro Pérez López no era un político ni un líder armado. Era un hombre de fe y palabra. Como catequista y miembro de Las Abejas de Acteal, organización nacida tras la masacre de 45 indígenas tsotsiles en 1997, promovía una lucha pacífica por los derechos de los pueblos originarios. También era un portavoz de su comunidad ante la violencia generalizada en municipios como Pantelhó, Simojovel y Chenalhó, donde la colusión entre crimen organizado y autoridades locales ha sembrado terror durante años.
En 2021, semanas antes de su asesinato, Simón Pedro acompañó a autoridades comunitarias a una reunión con la Secretaría de Gobierno del estado de Chiapas para denunciar el incremento de violencia por parte de grupos armados en la región. Su mensaje era claro: el pueblo estaba cansado de vivir entre balas y silencio. Poco después, cayó asesinado.
Según Las Abejas, Simón Pedro predicaba con su vida. “Animaba a los creyentes a denunciar las violaciones sistemáticas a sus derechos”, dijo la organización en un comunicado leído frente a la ermita de Acteal. Su figura se ha convertido en un símbolo de resistencia y dignidad para miles de personas que siguen luchando por el LekilChapanel, “La otra justicia”.
VIOLENCIA, IMPUNIDAD Y CONTROL TERRITORIAL
Desde la muerte de Simón Pedro, la violencia en Los Altos de Chiapas no ha cesado. Por el contrario, se ha diversificado y arraigado con mayor fuerza en el territorio. El Frayba ha documentado el crecimiento de grupos paramilitares, el desplazamiento forzado de comunidades enteras y el colapso del estado de derecho en municipios como Pantelhó, Simojovel y Chenalhó. La falta de respuesta efectiva por parte de los tres órdenes de Gobierno ha generado un escenario de guerra no declarada, donde las víctimas son, en su mayoría, indígenas.
La ejecución de Simón Pedro fue una advertencia clara: quienes se atreven a levantar la voz corren peligro. A pesar de la gravedad del crimen, las autoridades estatales han preferido cerrar el caso con la condena de un solo individuo, el presunto sicario. No se ha investigado si actuó por cuenta propia, ni quién pudo haber ordenado el asesinato. “Negar la calidad de defensor comunitario a Simón Pedro es invisibilizar la lucha de miles y una forma de complicidad”, subrayó Roblero García.
CONMEMORACIÓN: LA MEMORIA COMO RESISTENCIA
Este 5 de julio, a cuatro años del asesinato, decenas de personas caminaron desde el crucero de Majomut hasta Acteal, en una peregrinación cargada de cantos, consignas y flores. La mayoría eran integrantes de Las Abejas de Acteal provenientes de comunidades tsotsiles de Chenalhó, Simojovel, Pantelhó y Chalchihuitán.
“¡Simón Pedro vive, la lucha sigue!”, coreaban mientras caminaban una hora por caminos de terracería bajo el sol ardiente de julio. En Acteal, el obispo de San Cristóbal de Las Casas, Rodrigo Aguilar, ofició una misa en su memoria. En su homilía, pidió trabajar por la paz con justicia: “Recordamos a un hombre que entregó su vida por los demás. No podemos permitir que su muerte quede impune”.
Durante la ceremonia, los familiares de Simón Pedro—su madre, su padre Juan Pérez Gómez, su esposa, hijos e hijas—se mantuvieron firmes, aunque visiblemente conmovidos. “Nos sentimos fortalecidos por la presencia de ustedes”, dijo su padre. “Este dolor no es solo nuestro, es de todo el pueblo que quiere paz”.
Aunque el caso de Simón Pedro ha recibido atención nacional e internacional, los esfuerzos institucionales por hacer justicia real han sido tibios. La condena al autor material no resuelve el fondo del problema. No hay una estrategia integral del Estado mexicano para proteger a los defensores comunitarios. No hay garantías para sus familias ni compromiso para desarticular las redes criminales que controlan municipios enteros.
El asesinato de Simón Pedro no fue un hecho aislado. Fue una consecuencia directa del contexto de violencia estructural y criminalidad en Chiapas. Un contexto que ha sido denunciado desde hace décadas, pero que permanece intacto por la inacción y, en algunos casos, la complicidad de las autoridades.
EXIGENCIAS CLARAS
Las Abejas de Acteal y el Frayba han sido enfáticos: exigen a la Fiscalía General del Estado que reabra el caso e investigue a fondo a los autores intelectuales. También piden que se reconozca formalmente el papel de Simón Pedro como defensor de derechos humanos y de la Madre Tierra, condición que el Estado mexicano ha evitado mencionar. Esta omisión no es menor: sin ese reconocimiento, no se activan mecanismos de protección ni se accede a la reparación integral del daño.
Además, llaman a la comunidad nacional e internacional a seguir denunciando y vigilando lo que ocurre en Chiapas. “Sembrar su memoria es seguir caminando por la justicia verdadera”, dice el Frayba en su comunicado. “El Estado sigue en deuda no solo con su familia, sino con todos los pueblos que luchan por el Lekil Chapanel”.
EL LEGADO DE SIMÓN PEDRO
Cuatro años después, el nombre de Simón Pedro no se borra. Vive en las marchas, en los cantos, en las oraciones y en las luchas de los pueblos indígenas de Chiapas. Su historia trasciende la tragedia personal para convertirse en una denuncia colectiva contra un sistema que castiga a quienes buscan la justicia y la paz.
“No queremos una justicia a medias, ni promesas vacías. Queremos verdad, reparación y garantías de no repetición”, concluyó una mujer tsotsil al terminar la peregrinación. Y mientras la comunidad se abraza y ora, en el aire queda una consigna que no cesa:
“Simón Pedro vive, la lucha sigue”.




















































