Sarelly Martínez Mendoza
Es mediático, entrón, saca el pecho, no teme manchar la investidura; al contrario, puede llenarse de barro y sonreír. Ha llegado para decir que hay gobernador y autoridad.
Probablemente ningún gobernador ha recorrido tanto la entidad en su primer año de mandato como él. Ha caminado por veredas. Ha nadado en los ríos, platicado con campesinos, comido en las fondas, se ha metido a la selva, hecho rafting, corrido por avenidas y montado en bicicleta en días de lluvia o en días soleados.
Ese liderazgo caminante se enfrenta con el desafío de traducirse en acciones instituciones estables.
Ha sido el Santo Enmascarado de Plata, el corredor de la Panamericana, parachico y jaguar. Es, sobre todo, gobernador. Es todavía un peatón. No quiere repetir la insolencia de estar atrapado en Palacio de Gobierno, ahora sede de los poderes.
Escucha, contesta, dialoga y propone. Pocas veces lo he visto enojado, y más se debe a las metidas de pata de sus colaboradores, que al cuestionamiento de las personas. Comprende que debe haber disensos, que es parte del ejercicio de gobernar.
Hábil en la palabra, es capaz de alburear, de exhibir a uno que otro personaje que busca reflectores, y con humor, con una expresión sonriente, puede bajarlos a ras de tierra.
Abraza y sonríe, pregunta y escucha. Es parte de su carácter. Lo graban y le gusta. Si no fuera político sería tiktokero, youtuber, alguien de lengua fácil y divertida. Podría dedicarse a la academia de tiempo completo.
Se desplaza en las diferentes modulaciones. Sabe manejar el humor y el discurso en profundidad. Sabe empatizar con personas desfavorecidas.
Hasta el momento, pese a su exposición permanente en las redes sociales, no ha cometido errores, que lo vapuleen con un trending topic, y eso que a veces, se ha exaltado. Tampoco es que no haya tropezado, pero sus deslices no han sido llamativos.
Su trayectoria en el Senado, como presidente de la mesa directiva habla de su don de buscar aliados y escuchar a los contrarios. No es fácil llegar a acuerdos cuando la bandera ha sido la polarización.
No ha necesitado meter a la cárcel a funcionarios del sexenio pasado para alcanzar los primeros lugares de popularidad entre los gobernadores mejor evaluados. Ha preferido perseguir y encarcelar a delincuentes que alteraban la paz en Chiapas. Le falta, desde luego, consolidar mecanismos de rendición de cuentas y la pacificación total.
La gente reconoce su dedicación, y hasta su valor, porque enfrentarse al crimen organizado a más de un mandatario le habría provocado temblorina. A él no. Desde luego que su decisión debe trascender y consolidarse en políticas públicas permanentes para mantener la seguridad en Chiapas.
En un estado como el nuestro, donde no había señales de que existiera gobernador, era urgente aparecer en los medios, actuar contra la delincuencia para mandar un mensaje de certeza a los ciudadanos. Lo ha logrado.
Sería insuficiente convertirse en un gobernador mediático, si sus palabras no fueran acompañadas de certezas y acciones. Desde la primera semana, como lo ofreció el 8 de diciembre del año pasado, emprendió tareas para restablecer el orden. Hay desaciertos, desde luego, pero los logros son más evidentes.
Pensé que viviríamos dos años complicados de enfrentamientos; que habría sangre y desbarajustes, porque nadie desea perder la plaza sin disparar un tiro. Ha habido inteligencia policial y eso hay que reconocerlo. También que los errores cometidos por los Pakales se han corregido a tiempo. Ante denuncias, se ha suspendido a los mandos y se ha investigado la situación. Por supuesto que no hay que dejar todo en el carisma; hay que aprovechar este momento para fortalecer las instituciones.
Pocos políticos tienen el talento de vivir con naturalidad en la exposición mediática. Es muy fácil desbarrancarse con un pequeño error. Algunos de sus colaboradores han intentado hacerlo, pero faltos de cualidades, se convierten en risa, en meme. Algunos tampoco ayudan. Les faltan luces e iniciativa y les sobra descalificaciones y traspiés a sus compañeros de gabinete.
Hay logros iniciales, pero también desafíos que pondrán a prueba su proyecto. Hay tareas inconclusas en la procuración de justicia, con las madres buscadoras, con el bienestar económico. Chiapas ha sido la única entidad que vio disminuidos sus ingresos por hogar de 2022 a 2024.
Ojalá, por el futuro de Chiapas, que el gobernador siga en esta sintonía con los ciudadanos y, lo más importante, que este activismo mediático, que este contacto con la ciudadanía, se convierta en políticas públicas de transformación social duradera, capaces de sostenerse más allá del carisma y del activismo mediático.




















































