La comunidad se reunió para rendirle homenaje y ofrecerle cristiana sepultura a un lado de la iglesia ubicada en su pueblo natal
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
Miles de personas se congregaron en San Andrés Larráinzar, un pequeño pueblo en el corazón de Chiapas, para dar el último adiós al padre Marcelo Pérez Pérez, defensor incansable de los pueblos indígenas. Entre cantos, lágrimas y el resonar de la música tradicional, los fieles despidieron al sacerdote, asesinado el domingo en el Barrio de Cuxtitali, San Cristóbal de Las Casas.
Marcelo Pérez, originario de San Andrés Larráinzar, ejerció el sacerdocio durante 22 años, tiempo en el que se ganó el cariño y respeto de los más vulnerables por su incansable lucha por la paz y la justicia en las comunidades indígenas. Su cuerpo fue enterrado junto a la iglesia de San Andrés Apóstol, cumpliendo así su última voluntad de descansar en el lugar que lo vio nacer y que siempre defendió.
Hoy, martes fue un día de dolor, rabia y tristeza para sus familiares, amigos y miles de creyentes católicos. Don Miguel, su padre, sostenía un cuadro con la imagen de su hijo, mientras el pueblo entero lloraba su partida. No era solo una pérdida para su familia, sino para todos aquellos que conocieron de cerca su labor y su dedicación para llevar la palabra de Dios a los rincones más olvidados de Chiapas.
Marcelo Pérez no solo fue un líder espiritual, sino un defensor de los derechos de las comunidades indígenas, una voz firme contra la violencia y las injusticias que aquejan a la región. En vida, se convirtió en un símbolo de resistencia y esperanza para muchos.
La Fiscalía General de la República (FGR) ha atraído el caso y ya realiza las averiguaciones correspondientes para esclarecer el asesinato del sacerdote. El ataque ha causado conmoción en la región y ha despertado llamados de justicia por parte de organizaciones y activistas que piden que el crimen no quede impune.
Mientras el Sol caía sobre las montañas de Chiapas, el eco de las voces de quienes despidieron al padre Marcelo resonaba en el aire. Su legado, marcado por la lucha por la paz y la defensa de los pueblos indígenas, sigue vivo en los corazones de quienes lo acompañaron en su último trayecto.
Los pueblos originarios del municipio de Pantelhó han lanzado un desesperado llamado a las autoridades federales y estatales, denunciando la violencia y el abandono que enfrentan bajo el dominio de grupos criminales. Exigen acciones inmediatas y justicia para su comunidad”.
Ante la ola de violencia las comunidades enviaron un comunicado dirigido a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, donde denunciaron que han sido abandonados por las autoridades mientras enfrentan amenazas constantes por parte del grupo criminal conocido como Ejército Civil Indígena, liderado por José Guadalupe Herrera”.
Este grupo, aseguran, ha sembrado el terror en la región, perpetrando emboscadas y asesinatos, además de estar vinculado con otros grupos criminales fuera del estado. Los habitantes, incluyendo hombres, mujeres, ancianos y niños, han sido víctimas de constantes amenazas de muerte”.
Entre las víctimas más recientes, señalan la ejecución del Padre Marcelo Pérez Pérez en San Cristóbal de Las Casas, un crimen atribuido a los ‘Herreras’ y su alianza con los llamados ‘Motonetos’”.
“El comunicado exige al Gobierno federal y estatal que actúe de inmediato con órdenes de cateo contra José Guadalupe Herrera Abarca y su grupo de colaboradores, entre los que se encuentran Clemente Urbina Aparicio, Jairo Isidro Cruz Gutiérrez y otros personajes identificados como responsables de financiar y organizar las actividades criminales en San Cristóbal y Pantelhó”.
Asimismo, solicitan un cateo en la comunidad Fracción Tzanembolom, que aseguran, es parte de las operaciones del grupo de los Herrera”.
“Los pueblos originarios de Pantelhó, cansados de la violencia y la impunidad, piden al Gobierno tomar cartas en el asunto antes de que esta situación cobre más víctimas. Exigen justicia y la intervención de las fuerzas federales. Continuaremos informando”.
El gobernador del estado de Chiapas, Rutilio Escandón Cadenas, anunció a través de su cuenta oficial la detención de los presuntos autores intelectuales del asesinato del padre Marcelo Pérez Pérez. El sacerdote, originario del pueblo tsotsil de Chiapas, fue asesinado tras recibir más de ocho impactos de arma de fuego en el barrio de Cuxtitali, en San Cristóbal de Las Casas, momentos después de oficiar una misa.
El crimen ha conmocionado a la comunidad católica y a la sociedad chiapaneca, dado que el padre Marcelo era conocido por su activismo en defensa de los derechos de los pueblos indígenas y su labor pastoral en favor de la paz y la justicia en la región. Su asesinato ha generado indignación y una serie de manifestaciones en distintos municipios de Chiapas, donde exigían justicia y el esclarecimiento del caso.
Este martes, en el municipio de San Andrés Larráinzar, familiares, amigos, fieles católicos y simpatizantes del sacerdote acudieron para darle el último adiós. La comunidad se reunió para rendirle homenaje y ofrecerle cristiana sepultura a un lado de la iglesia de su pueblo natal. El ambiente de dolor y tristeza contrastaba con el llamado a mantener vivo su legado de lucha por la paz y la justicia.
El gobernador Escandón aseguró que las autoridades continuarán investigando para garantizar que todos los responsables de este crimen enfrenten las consecuencias de sus actos. La detención de los autores intelectuales ha sido vista como un avance importante en las investigaciones, aunque organizaciones civiles y religiosas insisten en la necesidad de seguir trabajando para desmantelar las redes de violencia que afectan a la región.
El caso del padre Marcelo Pérez Pérez ha vuelto a poner en el centro del debate la creciente inseguridad en algunas zonas de Chiapas, donde líderes religiosos y comunitarios se ven frecuentemente amenazados por grupos armados y el crimen organizado. La comunidad católica ha hecho un llamado a las autoridades para reforzar la seguridad en estas áreas y proteger a quienes, como el padre Marcelo, dedican su vida a defender los derechos de los más vulnerables.
El funeral del sacerdote fue un acto de resistencia pacífica, donde los asistentes reiteraron su compromiso con los ideales que el padre Marcelo representaba. Mientras tanto, se espera que en los próximos días se den a conocer más detalles sobre el avance de las investigaciones y el proceso judicial contra los responsables del asesinato.
Por su parte, la Fiscalía General del Estado (FGE) cumplimentó orden de aprehensión en contra de Edgar “N”, como probable autor material del homicidio del presbítero Marcelo Pérez, acontecido el pasado 20 de octubre del año en curso en San Cristóbal de Las Casas .
Derivado de las investigaciones de criminalística de campo y de gabinete, se logró la captura del referido imputado como presunto responsable del homicidio del sacerdote.
Derivado de los hechos donde perdiera la vida, el padre Marcelo Pérez Pérez, la Fiscalía General del Estado se abocó a realizar las investigaciones correspondientes para dar con el paradero de él o los probables responsables, por lo que se practicaron protocolos y técnicas de investigación consistentes en rastreos de cámaras de seguridad de C5, trabajos del área de inteligencia y de investigación de campo, así como el desahogo de testigos, logrando obtener datos importantes que permitieron identificar al presunto autor material de este lamentable hecho y ejecutar la orden de aprensión obsequiada por el juez de Control.
El imputado fue puesto a disposición del órgano de jurisdiccional, que definirá su situación jurídica con apego a derecho, el asesinato del sacerdote Marcelo Pérez Pérez ha dejado una profunda marca en la comunidad de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, y ha generado una oleada de indignación entre feligreses, activistas de derechos humanos y sectores sociales de México. El párroco, de 51 años, fue brutalmente asesinado el domingo 20 de octubre de 2024, después de haber oficiado misa en la parroquia del barrio Cuxtitali, un lugar que fue testigo de su incansable labor por la justicia social y la defensa de los derechos de los pueblos indígenas.
El brutal ataque fue captado por cámaras de seguridad, las cuales muestran con claridad el momento en que dos hombres a bordo de una motocicleta se acercan al sacerdote, justo cuando se dirigía a su vehículo. En el video, el padre Marcelo, de etnia tsotsil, aparece saliendo de la iglesia bajo una leve lluvia, llevando una bolsa roja y vistiendo una chamarra oscura. Mientras los feligreses aún se retiraban del templo, él caminaba hacia su camioneta Ford Edge Titanium, sin sospechar el inminente peligro que lo acechaba.
A las 8:52 horas, la motocicleta se colocó al lado del vehículo del sacerdote. Segundos después, las detonaciones resonaron en la calle, rompiendo la calma de la mañana. El cuerpo del padre Marcelo quedó sin vida dentro de su automóvil, a unos 200 metros del lugar donde había impartido la eucaristía. El sonido de los disparos desató el pánico entre los presentes, muchos de los cuales corrieron despavoridos, mientras otros, superado el impacto inicial, se acercaron desesperadamente al vehículo en un vano intento por auxiliar al sacerdote.
Aunque aún no se ha hecho una declaración oficial, los primeros informes apuntan a que el ataque fue perpetrado por el grupo criminal conocido como Los Motonetos, una organización que ha sembrado el terror en San Cristóbal y otras regiones de Chiapas. Este atroz crimen ha puesto nuevamente en evidencia la alarmante violencia que asola la región, donde la presencia del crimen organizado se ha intensificado, afectando gravemente a la población.
Al día siguiente del asesinato, cientos de personas se congregaron en San Andrés Apóstol, el pueblo natal del sacerdote Marcelo, para rendirle homenaje. A unos 24 kilómetros al norte de San Cristóbal, el ambiente estaba cargado de dolor y tristeza. El cardenal Felipe Arizmendi, cabeza de la Iglesia Católica en Chiapas, ofició una misa de cuerpo presente en honor a su colega, durante la cual exigió acciones firmes y urgentes por parte del Gobierno para detener la ola de violencia en la región.
“Que se desarme a estos grupos que están causando tanto daño en todas partes. Este es un reflejo de todo el país”, declaró el cardenal Arizmendi, refiriéndose a la creciente influencia del crimen organizado en Chiapas y otros estados del país.
Durante la ceremonia, los feligreses y amigos del sacerdote se acercaron al féretro entre lágrimas, en un emotivo acto de despedida. Un orador de la iglesia lanzó un grito enérgico: “¡Viva el padre Marcelo!”, al que la multitud respondió al unísono, levantando los brazos en señal de respeto y resistencia. El momento fue una muestra de la admiración y el cariño que la comunidad sentía por un hombre que dedicó su vida a servir a los más vulnerables.
En un comunicado emitido por la Diócesis de San Cristóbal, la Iglesia Católica exigió no solo justicia para Marcelo Pérez Pérez, sino también el fin de la criminalización y persecución de sacerdotes y defensores de derechos humanos, quienes se han convertido en blanco constante de amenazas y ataques. “Cese a la criminalización y persecución de sacerdotes, misioneros, misioneras, hermanos laicos y laicas, defensores y defensoras de Derechos Humanos”, demandó la Diócesis, exigiendo que las autoridades identifiquen y sancionen tanto a los autores materiales como intelectuales de este asesinato.
El padre Marcelo Pérez Pérez era un líder incansable en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas de Chiapas. Originario de la etnia tsotsil, se destacó por su lucha contra el crimen organizado, denunciando en numerosas ocasiones las amenazas que recibía por su activismo en temas sensibles como la oposición a la venta de drogas y la actividad de los grupos criminales en la región.
Sus denuncias y acciones para proteger a su comunidad le valieron la atención de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que le otorgó medidas cautelares de protección. A pesar de estas medidas, su vida estuvo en constante peligro, y el trágico desenlace de su historia refleja el alto nivel de violencia e impunidad que prevalece en Chiapas.
La Iglesia Católica en México ha denunciado que, en los últimos cinco años, al menos nueve sacerdotes han sido asesinados, lo que evidencia la grave situación de inseguridad que enfrentan quienes se atreven a denunciar las injusticias. Entre los casos más notorios está el homicidio de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, asesinados en Chihuahua en 2022 por un líder criminal local. Estos crímenes, como el de Marcelo Pérez, han sido denunciados por la Iglesia como un ataque directo a quienes defienden la justicia y los derechos humanos en el país.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, lamentó profundamente el asesinato del padre Marcelo y expresó su solidaridad con la comunidad afectada. Aseguró que la Fiscalía de Chiapas ya ha iniciado una investigación en colaboración con las autoridades eclesiásticas y el Gobierno estatal, para esclarecer el caso y llevar a los responsables ante la justicia.
Sin embargo, las promesas de justicia no logran apaciguar el miedo y la incertidumbre que se vive en San Cristóbal de Las Casas, una ciudad atrapada en medio de la violencia del crimen organizado. El legado del padre Marcelo Pérez Pérez sigue vivo en las acciones de aquellos que, como él, luchan por la dignidad y los derechos de los más desprotegidos, pero su asesinato deja al descubierto la fragilidad del Estado de Derecho en regiones azotadas por el narcotráfico y la corrupción.
La comunidad de Chiapas, junto con la Iglesia Católica, continúa clamando por justicia, exigiendo que la muerte de Marcelo Pérez Pérez no sea solo una más en la larga lista de asesinatos impunes, sino un punto de inflexión en la lucha por la paz y la seguridad en México.




















































