Hablemos de ellas
Sheila X. Gutiérrez Zenteno
Una de las tareas que decenas de mujeres han iniciado es la recuperación de obras, creaciones o logros científicos alcanzados por otras mujeres. Esta titánica labor tiene como objetivo hacer visibles sus aportaciones a los diversos campos del conocimiento. Si las mujeres somos el 50 por ciento de la población mundial ¿A qué se debe que la mayor parte de los referentes en todo tipo de campos disciplinares sean varones?
A esta invisibilización se le denomina violencia epistémica; Raquel Güereca la define como “el conjunto de prácticas científicas, disciplinares y cognitivas que, intencionadamente o no, invisibilizan la aportación de determinados sujetos sociales a la construcción, discusión y difusión del conocimiento científico”. Entre esos determinados sujetos sociales se encuentran las mujeres.
Soy docente universitaria, así que en mis clasessiempre abro un espacio para tratar este tema. Le pido a mis estudiantes que realicen un listado de personas que sean representativas en áreas como la comunicación, el arte o la academia y el resultado es regularmente el mismo, se nombran personajes masculinos y pocas veces aparece una mujer en estas listas, cuando lo hace es porque su nivel de impacto social es bastante alto, pero es un caso entre 10. ¿No hay mujeres creando, investigando, publicando, escribiendo? ¿Por qué no hablamos de ellas?
Bajo el justificante de “son cosas de hombres, nadie va a tomar esto en serio si lo firma una mujer” a lo largo de la historia decenas de mujeres vieron como sus trabajos fueron firmados, tomados o robados porhombres de su tiempo, borrando así el legado que ellas intentaron construir. Otras optaron por firmar sus aportes usando nombres masculinos, esa fue la única manera de lograr ver sus obras publicadas (hablaré de ellas en otro momento). Hubo quienes vieron eclipsado su trabajo porque alguien decidió que era más importante hacer pública su vida amorosa que sus aportes, fueron mujeres que enfrentaron el rechazo a su obra como castigo a sus decisiones (amorosas o laborales) por violentar la norma social establecida.
La lista es larga… muy larga, demasiado larga.
Que los hombres se apropien del trabajo intelectual realizado por mujeres ha sido (y es) una constante. El desprecio hacia los conocimientos y las formas de conocer de las mujeres ha sido sistemático. Ha habido una negación epistémica a los saberes femeninos, y junto a ellas, en el caso de América Latina se incluyen las culturas y los pueblos colonizados. Si se niega la alteridad, es viable perpetuar la opresión de sus saberes y justificar su dominación. Las mujeres representan esas epistemologías alternativas las cuales son rechazadas por la hegemonía cultural y esas ideas sobre lo femenino como una limitante para aportar al conocimiento.
Pensemos en Camille Claudel quien hoy es considerada una de las más brillantes artistas de finales del siglo XIX. Escultora por derecho propio, estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de París lugar en el que las mujeres no eran bien recibidas. Durante décadas se habló de ella como la musa (y amante) del escultor Auguste Rodin, pero Camille era más que eso. Poco se habla aún hoy del trabajo que ella realizó en La Puerta del infierno, original múltiple que exhibe en Ciudad de México el Museo Soumaya desde 2016 junto con El gran vals, una pieza en bronce de 1905. Otras esculturas de Camille yacen ahí.
Pero el trabajo de Camille va más allá, canalizó todo tipo de emociones en sus creaciones, incluso el dolor por su ruptura amorosa con Rodin, en una de las esculturas más hermosas que existen: La edad madura (1899). Camille existió social y artísticamente solo mientras se mantuvo al lado de Rodin, la sociedad la rechazó y murió olvidada en un psiquiátrico en el que fue internada por su madre y hermano, quienes se avergonzaban de ella y su historia con el escultor. Hoy, un pequeño museo a pocos kilómetros de París está dedicado completamente a su obra.
El arte abstracto fue imaginado por una mujer, mucho antes que Wassily Kandisnky, quien en 1935 creía firmemente ser el precursor de esta corriente (por un tiempo fue llamado el padre del arte abstracto); sin embargo, fue la sueca Hilma af Klint quien le dio vida en 1906 (cinco años antes que Kandinsky, quien pintó en 1911 su primer cuadro). Al igual que Camille Claudel, Hilma estudió, ella asistió a la Real Academia de Arte de Estocolmo y se especializó en pintura de paisaje y retrato. Su obra recupera ideas en torno al espíritu, el alma y el cuerpo por lo que creó un nuevo lenguaje visual y una estética diferente a la de todos sus contemporáneos, pero sabía que la sociedad de su tiempo no estaba preparada para su propuesta, el ser mujer tampoco ayudaba.
Pintó más de mil 300 cuadros y 20 mil dibujos, los cuales fueron descubiertos en 1960, 20 años después de su muerte. Su obra se hizo pública hasta 1984gracias al Museo LACMA. En 2012 el MOMA de Nueva York realizó una retrospectiva sobre arte abstracto y la dejó fuera. Fue hasta el año 2013 que en Estocolmo se organizó una exposición para su trabajo. En 2018, el Guggenheim en Nueva York le dedicó otra retrospectiva. Hoy, algunas obras de Hilma af Klint están exhibidas en el Museo D’ Orsay junto a los trabajos de Kandisnsky y Mondrian.
LA PARTERÍA TRADICIONAL, OTRA VÍCTIMA
Un claro ejemplo de violencia epistémica que afecta a las mujeres y que nace de ese rechazo a lo otro, a la alteridad, a lo que se aleja de la cultura occidental, se vivió en la Universidad Intercultural de Chiapas en el año 2018. Es bien sabido que el estado de Chiapas es una entidad geográfica y culturalmente compleja. Compuesto por 124 municipios, con características geográficas, poblacionales, culturales, climáticas y productivas, torna difícil lograr que los servicios de salud lleguen a todos estos lugares.
Para muchas de estas comunidades, las parteras tradicionales y sus prácticas ancestrales son la única opción que mujeres que cursan embarazos tienen como apoyo para lograr llevar a término su proceso. La partería es una práctica ancestral que ha sido transmitida de generación en generación. Quienes la ejercen son mayormente mujeres (conocidas también como matronas) y son ellas quienes no solo reciben al bebé, también brindan apoyo práctico y espiritual.
En 2017 la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) ofertaba entre sus programas de estudio, la licenciatura en Partería y Obstetricia. Esta respondía a un reclamo de las mujeres parteras que buscaban su profesionalización para brindar una mejor atención a las mujeres en las comunidades indígenas y rurales. Esta carrera nació del interés de organizaciones de parteras tradicionales para preservar este conocimiento, ya no desde la cotidianidad sino desde un espacio universitario. La mayoría del estudiantado eran hijas e hijos de madres parteras. Quienes se encargaban del programa de partería habían logrado becas internacionales para sus estudiantes, de nada sirvió.
La administración de aquel período encabezado por Ballardo Eduardo Molina Hernández, decidió que era mejor darle prioridad a la medicina occidental. Desaparecieron la licenciatura en el año 2018, con lo que negaron a las mujeres parteras profesionalizar suactividad, dándole la espalda así a la difusión y construcción del conocimiento de estas comunidades, violentando también su derecho a recibir atención maternal y neonatal ancestral.
Fueron las parteras tradicionales quienes en el marco de la emergencia sanitaria por la Covid, atendieron a decenas de mujeres que no podían trasladarse a centros de salud por la pandemia, ellas permanecieron en primera línea brindando cuidados neonotales y maternos, sobre todo en comunidades que carecen de servicios médicos y hospitalarios. En el año 2022, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU) dio a conocer que se necesitaban casi un millón de nuevas parteras en el mundo para atender necesidades de salud sexual reproductiva, materna y neonatal en esta década, principalmente en los países de ingresos bajos. México es uno de ellos. Ojalá que la nueva administración de la UNICH, recupere este programa educativo.
MUJERES RESCATANDO EL TRABAJO DE OTRAS MUJERES
Hay proyectos maravillosos que están colocando en el discurso público aportes científicos, tecnológicos, académicos o artísticos en el que decenas de mujeres han intervenido y de los que poco se habla. Poco a poco les iré hablando de ellos, hoy empezaré con el Mapa de Escritoras Mexicanas Contemporáneas.
Mapa de Escritoras Mexicanas Contemporáneas es un proyecto de gestión cultural creado por la escritora mexicana Esther M. García. Entre sus objetivos busca: 1) visibilizar el trabajo literario de las mujeres en México, 2) romper con la idea de que la literatura solo se produce en el centro del país, 3) mostrar la diversidad de escritoras que existen en México. El mapa toma en cuenta a quienes escriben en español y a quienes lo hacen en la diversidad de lenguas que existen en México.
Este proyecto nació en mayo del 2020, a través de la plataforma Google Maps. Actualmente cuenta con más de 650 escritoras mapeadas y es un referente a nivel tanto nacional como internacional. Si alguna escritora lee esto y desea que su nombre y trabajos formen parte del mapa, puede buscar en el sitio los criterios que se solicitan para que su semblanza y obras formen parte del proyecto. El trámite es bastante sencillo. Su creadora, Esther, ha publicado libros yganado diversos premios de literatura. Puede visitar este proyecto en la siguiente dirección: https://mapaescritorasmexicanas.wordpress.com/ para ver el mapa de click en la pestaña Ver Mapa en Google.




















































