Comunidades indígenas viven entre el abandono y falta de infraestructura básica
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
Durante años, la pobreza en Chiapas ha sido tratada como un dato, no como una urgencia. Hoy, las cifras del extinto Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, volvieron a evidenciar una fractura que nunca se ha cerrado, siete de los 10 municipios más pobres del país se encuentran en este estado. Una realidad que no solo desnuda el abandono histórico, sino también la desconexión entre las políticas de desarrollo y las condiciones reales de las comunidades indígenas que habitan la sierra y la selva chiapaneca.
San Juan Cancuc, Chalchihuitán, Chenalhó, Pantelhó, Tila, Oxchuc y Santiago el Pinar conforman el mapa más crítico del país. En ellos, la pobreza supera el 96 por ciento de la población, y en algunos casos, como Chalchihuitán, la pobreza extrema alcanza al 73.8 por ciento. No son cifras aisladas: son el reflejo de un modelo de desarrollo que nunca llegó a esos territorios, donde la infraestructura, la educación y la salud siguen siendo privilegios más que derechos.
Los números amplían la magnitud del problema. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la comarca concentró al 13 por ciento de la población indígena nacional, pero el 30 por ciento de las viviendas del estado carecen de drenaje y el 25 por ciento no tiene acceso a agua entubada. Además, datos del Consejo Nacional de Población indicaron que el 45 por ciento de los chiapanecos habita en localidades menores a los dos mil 500 habitantes, lo que limita la llegada de servicios básicos y programas sociales.
Lo más alarmante es que, pese a los avances nacionales, la entidad apenas ha reducido su pobreza total en la última década. Mientras México pasó de 46 por ciento a 36.3 por ciento entre 2010 y 2022, el estado apenas descendió de 78.5 por ciento a 75.5 por ciento. La brecha territorial se ensancha, en municipios como San Juan Cancuc, la escolaridad promedio no supera los cuatro años y la tasa de mortalidad infantil duplica el promedio nacional, según cifras del Inegi y la Secretaría de Salud.
La existencia de municipios donde nueve de cada 10personas viven en pobreza debería ser un escándalo nacional. El territorio no necesita solo programas asistenciales; requiere una transformación estructural que conecte la economía regional con la realidad comunitaria. Mientras esa deuda histórica siga, la pobreza en la región no será un dato más, sino la evidencia más contundente del fracaso del desarrollo en México.











































