Si bien muchas víctimas optan por acciones de autodefensa cibernética, una cifra muy baja llega hasta la vía legal
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
FOTOS: ALEJANDRO LÓPEZ
Cuando una persona en Chiapas abre su celular, envía un mensaje por WhatsApp, revisa su Facebook o contesta una llamada, no solo está conectándose, también está expuesta a una realidad muchas veces silenciada: la violencia digital. El más reciente reporte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), a través de su Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2024, revela que el ciberacoso continúa siendo una de las formas de violencia con mayor presencia entre la población usuaria de Internet, y el estado de Chiapas no queda exento de esta problemática.
De acuerdo con los datos publicados por el MOCIBA 2024, en México, alrededor de 21 por ciento de la población de 12 años o más que utiliza Internet fue víctima de alguna forma de ciberacoso durante ese año: lo que equivale a unas 18.9 millones de personas.
Para Chiapas, los números confirman una tendencia preocupante: 22.2 por ciento de las mujeres usuarias de Internet reportaron haber sido víctimas de ciberacoso, mientras que entre los hombres la prevalencia fue de 19.6 por ciento.
Aunque la diferencia entre géneros no es abrumadora, los datos confirman que las mujeres siguen siendo, en promedio, quienes sufren con mayor frecuencia estas agresiones. Este patrón coincide con las conclusiones nacionales del MOCIBA.
Estas cifras son especialmente relevantes en un estado como Chiapas, donde la brecha digital, las desigualdades sociales y el acceso limitado a ciertos servicios de protección pueden agravar las consecuencias del acoso cibernético.
El MOCIBA 2024 no solo cuantifica la incidencia del ciberacoso, también describe cómo ocurre: las plataformas más señaladas coinciden con las de mayor uso social. A nivel nacional —y con impacto directo en estados como Chiapas— los medios más utilizados para acosar fueron WhatsApp (39.8 por ciento de los casos), seguido de cerca por Facebook (39.7 por ciento) y las llamadas telefónicas (29.3 por ciento).
Las formas más frecuentes de agresión digital incluyen:
-Contacto mediante identidades falsas (la más común).
-Envío de mensajes ofensivos o insistentes.
-Llamadas ofensivas, intimidatorias o de acoso.
-En algunos casos, insinuaciones sexuales, presión, acoso reiterado o compartición no autorizada de contenido.
En cuanto a la identidad de los agresores: el MOCIBA indica que la mayoría de las víctimas (62.9 por ciento) no conocía a la persona que las acosó; 21.6 por ciento identificó al agresor como alguien conocido, y 15.5 por ciento dijo haber sufrido acoso tanto de personas conocidas como desconocidas.
Respecto al sexo de los agresores cuando este era identificado: en el caso de los hombres víctimas, 57 por ciento reportó que quienes los acosaron eran también hombres; en mujeres víctimas, 52.1 por ciento indicó agresores masculinos.
PERFIL SOCIODEMOGRÁFICO: JÓVENES, CONECTIVIDAD Y VULNERABILIDAD
El análisis del MOCIBA también desglosa el ciberacoso por rangos de edad. En 2024, las mujeres de entre 20 y 29 años presentaron la mayor proporción de víctimas: 31.1 por ciento.
En hombres, el grupo de mayor vulnerabilidad fue el de 12 a 19 años, con una prevalencia de 22.9 por ciento.
Estos datos confirman que los jóvenes —adolescentes y adultos jóvenes— constituyen el grupo más expuesto al ciberacoso. Ello coincide con su mayor uso de Internet, redes sociales y mensajería, además de una posible menor experiencia en autoprotección digital.
En Chiapas, un reporte estatal de 2024 estimaba que 20.1 por ciento de los internautas había sufrido ciberacoso.
Ese mismo reporte señalaba que un porcentaje notable de víctimas contaba con niveles de educación diversos: un 40 por ciento tenía estudios de nivel superior, 23.6 por ciento media superior y 35.3 por ciento nivel básico.
La combinación de juventud, accesibilidad a Internet y uso frecuente de dispositivos móviles coloca a un segmento importante de la población chiapaneca en riesgo de violencia digital.
CONSECUENCIAS: IMPACTO EMOCIONAL Y SOCIAL DEL ACOSO DIGITAL
Las consecuencias del ciberacoso no se limitan a molestias pasajeras: su impacto puede ser profundo. A nivel nacional, del total de víctimas, 58.6 por ciento reportó sentirse enojada, 36.7 por ciento desconfianza, y 30.1 por ciento inseguridad.
Entre las mujeres víctimas, 34.5 por ciento dijo haber sentido miedo; en hombres la proporción fue de 16.0 por ciento.
Estas vivencias no solo deterioran la salud mental, también erosiona la confianza en redes sociales y espacios digitales, limita la participación online, y en muchos casos fomenta el aislamiento social. Para quienes viven en comunidades rurales o con menor acceso a servicios de apoyo —como muchas zonas de Chiapas—, el impacto puede ser aún más grave.
Asimismo, el reporte del INEGI muestra que las víctimas de acoso tienden a permanecer más tiempo conectadas: un promedio de 5.5 horas diarias, casi una hora más que quienes no fueron acosados.
Quizás por ello, la mayoría intenta reaccionar: 66.6 por ciento decidió bloquear a los agresores, 14.1 por ciento los ignoró, y apenas 11.2 por ciento presentó una denuncia formal ante autoridades o proveedores del servicio.
Si bien muchas víctimas optan por acciones de autodefensa digital, una cifra muy baja llega hasta la vía legal. Esto evidencia no solo una barrera institucional o de desconfianza, sino probablemente una falta de información sobre procedimientos de denuncia, y una carencia de confianza en que se tome en serio la violencia digital.
LOS CASOS DE CHIAPAS: RETOS Y VACÍOS ESTRUCTURALES
Para Chiapas —un estado marcado por profundas desigualdades sociales, diversidad cultural, brechas de acceso a educación y conectividad— los datos del MOCIBA 2024 resultan particularmente alarmantes. Que más de una de cada cinco internautas haya sido víctima de ciberacoso revela que las redes digitales no son siempre un espacio de comunicación libre, sino también de riesgo.
Otro factor que agrava la situación: en muchas zonas rurales o semiurbanas del estado, la infraestructura, alfabetización digital y acceso a asesoría legal o psicológica es limitada. Las víctimas podrían sentirse desprotegidas, sin saber a dónde acudir.
Además, los patrones de género —con mujeres más afectadas— reflejan desigualdades estructurales: violencia digital que se suma a otras formas de violencia de género, muchas veces invisibilizadas.
El reto no es solo individual, también colectivo: se necesitan políticas públicas, campañas de prevención, educación digital desde edades tempranas y mecanismos de denuncia eficaces y accesibles.
QUÉ RECOMIENDAN ESPECIALISTAS Y AUTORIDADES ANTE EL CIBERACOSO
Frente a esta realidad, expertos en seguridad digital y ciberseguridad coinciden en varias recomendaciones básicas, pero esenciales para protegerse:
-Guardar evidencia: capturas de pantalla, grabaciones, registro de fechas y horas.
-Bloquear y reportar al agresor en la plataforma donde ocurrió la agresión.
-Cambiar contraseñas regularmente y activar la verificación en dos pasos (si la plataforma lo permite).
-Evitar compartir información sensible o personal —dirección, ubicación, horarios, fotografías íntimas— con personas desconocidas o poco confiables.
-Mantener actualizados los sistemas operativos y aplicaciones, para prevenir filtraciones de seguridad.
Por su parte, autoridades estatales y organizaciones defensoras de derechos humanos invitan a denunciar los casos: en Chiapas, la existencia de una unidad especializada como la Guardia Estatal Preventiva (o instancias similares dedicadas al delito cibernético) puede ser clave para poner en marcha procedimientos que eviten nuevos incidentes.
Aunque el MOCIBA no traduce necesariamente esos reportes en denuncias formales, visibilizar el problema es el primer paso.
El ciberacoso no es un problema individual, es una cuestión social y estructural. En un estado como Chiapas, donde convergen factores de marginación, desigualdad, diversidad cultural y rezago social, la responsabilidad recae en múltiples actores: autoridades, sociedad civil, instituciones educativas, proveedores de servicios de Internet, plataformas digitales, y la ciudadanía en general.
Crear una cultura digital segura implica:
-Promover educación desde la escuela sobre uso responsable de Internet, ciberconvivencia, derechos digitales.
-Generar campañas de sensibilización sobre violencia de género y violencia digital.
-Fortalecer mecanismos de denuncia —asequibles, accesibles, confiables— que den respuesta real a víctimas.
-Fomentar la solidaridad comunitaria: visibilizar casos, ofrecer apoyo moral, psicológico, legal.
-Garantizar que las plataformas digitales implementen mecanismos efectivos de prevención de acoso, moderación y respuesta ante denuncias.
Chiapas, como muchas otras partes de México, vive un momento de transformación digital acelerada. Que Internet llegue a más hogares, a más jóvenes, a más familias, es una oportunidad para cerrar brechas —pero también implica riesgos. Si no se construye una cultura digital consciente, informada y responsable, lo que ganamos en conectividad lo podemos perder en seguridad, dignidad y bienestar.
Los datos del MOCIBA 2024 —y su desagregación por sexo, edad y medios usados— muestran sin ambigüedad que el ciberacoso no es un fenómeno menor ni pasajero: es una forma real de violencia que afecta a millones de personas, y que en Chiapas se vive con particular intensidad. Que 22.2 por ciento de las mujeres y 19.6 por ciento de los hombres usuarias de Internet hayan sido víctimas de este tipo de violencia obliga a reflexionar: no podemos seguir viendo redes sociales y mensajería solo como herramientas de comunicación y entretenimiento.
Es urgente consolidar un enfoque de prevención, protección y atención integral: un enfoque que reconozca que el bienestar digital no solo depende de la tecnología —también depende de la empatía, el respeto, la justicia y la acción colectiva.
Para quienes sufren —y para quienes aún pueden protegerse— las claves están claras: visibilizar, denunciar, proteger, solidarizar. Y para la sociedad en general, también: asumir que la violencia digital afecta a todos, y construir juntos espacios de Internet más seguros y dignos.




















































