Experimentación sonora y discurso emocional conviven en un proyecto que apuesta por el riesgo, la honestidad y transformación
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
Daelenda presenta “el eventual surgimiento de algo” como un gesto de honestidad radical. Es un álbum debut que no busca respuestas rápidas, sino acompañar el tránsito completo de una crisis emocional. En sus 29 minutos, la banda convierte la fractura interna en un lenguaje musical propio, donde el riesgo estético y la claridad conceptual avanzan al mismo ritmo.
El disco no se construye como una colección de canciones aisladas, sino como una obra continua, cíclica, que fluye sin puntos evidentes de inicio o cierre. Cada tema funciona como un fragmento de un mismo proceso, que abarca desde el desbordamiento al entendimiento, de la violencia emocional a la vulnerabilidad consciente. La narrativa es tan importante como el sonido.
Ese sonido mezcla math rock, post rock, blackgaze, screamo, jazz y otros extremos sin jerarquías ni concesiones. La eclecticidad no es ornamento, sino una herramienta para traducir estados mentales complejos, tensiones internas y momentos de contemplación que exigen más de quien escucha.
“Roto”, el nuevo sencillo, actuó como el corazón emocional del álbum. Su estructura en dos movimientos resumió la identidad de Daelenda. El primero, la crudeza abrasiva que empuja al límite; después, un espacio sensorial que invita a habitar la fragilidad. La colaboración del saxofonista Adrián Terrazas-González amplía ese paisaje, sumando una dimensión jazzística que vuelve luminoso el colapso.
Más que un debut, “el eventual surgimiento de algo”funciona como un manifiesto artístico. Daelenda colocó la salud mental en el centro del discurso, sin subrayados ni consignas, apostando por una vulnerabilidad real y sin filtros. En esa decisión se empieza a delinear el futuro del proyecto.
Arranquemos el año con buenas noticias. Están promoviendo el eventual surgimiento de algo, su álbum debut. ¿Qué sienten ahora que el disco finalmente está afuera? “En lo personal, mucho alivio. Era un pendiente enorme, algo que ya estaba marcado en rojo desde hace tiempo. El disco fue tomando forma mientras se grababa, pero la idea de hacer un material largo existía desde hace más de dos años. Verlo terminado genera orgullo y mucho amor.
Más allá de números o reproducciones, el simple hecho de materializarlo es muy fuerte. Pase lo que pase con el disco, existe, y nació desde un lugar muy honesto.
También hay esperanza. Sacarlo fue como condensar muchas emociones y vivencias internas. Ahora funciona como un punto de control, el cual no se borra lo anterior, pero sí marca que viene algo nuevo”, mencionaron.
Muchas veces cerrar un proyecto creativo implica romper una inercia. ¿Fue así para ustedes o pasó lo contrario? “Curiosamente, fue al revés. Este disco nos enseñó una nueva forma de componer y de vivir la música. Aunque se cerró la grabación, nunca dejamos de escribir. Hoy ya tenemos varias canciones nuevas en proceso.
Más que romper una inercia, fue un empujón de autoconocimiento. Nos ayudó a entender qué nos gusta tocar, qué disfrutamos y cómo queremos sonar en vivo”, afirmaron.
Su propuesta es arriesgada y claramente de nicho. ¿Cómo tomaron la decisión de apostar por un sonido tan poco convencional? “Nunca lo pensamos desde el mercado o el público. Simplemente hacemos la música que nos gusta. Venimos de escuchar y tocar cosas muy distintas, y el disco refleja eso, pues hay momentos más pesados, otros más melódicos, otros incluso jazzísticos.
No hubo una premeditación de ‘esto tiene que sonar así’. La música se fue revelando sola. Trabajamos desde la intuición y desde lo que llevamos años queriendo hacer, al final solo le dimos paso a nuestros gustos y nuestra visión musical”, contestaron.
El disco también tiene una carga conceptual fuerte. ¿Qué tan importante fue la autenticidad en ese proceso? “Fue lo único verdaderamente claro desde el inicio. Queríamos ser totalmente genuinos, incluso luchando contra nuestras propias expectativas. Sabíamos que nuestra música iba a sonar pesada, así que dejamos de preocuparnos por eso y nos enfocamos en que nos gustara de principio a fin”, indicaron.
Al ser una banda, las decisiones creativas suelen generar fricciones. ¿Cómo lograron mantener una química sana?“Hay dos pilares muy claros que son la música y la amistad. Nos conocemos desde hace más de 10 años, antes de que existiera Daelenda como proyecto formal. Eso cambia por completo la dinámica, porque hay una confianza construida desde mucho antes y una conciencia real de quién es el otro, incluso fuera del contexto musical.
También hemos aprendido a cuidar mucho la salud mental y la comunicación. Entendimos que no todo desacuerdo es un conflicto y que no todo silencio es sano. Si algo se rompe o incomoda, se habla. Preferimos frenar un ensayo o una idea antes que dejar que el ego se imponga y termine dañando la relación o el proyecto”, explicaron.
¿Y en lo musical, cómo manejan las diferencias? “Las diferencias existen todo el tiempo, es inevitable cuando cada integrante viene de referencias y sensibilidades distintas. Pero hemos aprendido a negociar. Hay ideas que son muy claras y no negociables para quien las propone, y otras que se pueden tallerear, moldear o incluso dejar ir.
Muchas veces alguien llega con una idea muy definida y el resto la transforma desde su propio lenguaje. Eso hace que el resultado final sea más rico y menos predecible. Por eso la música termina siendo tan ecléctica, pero con una identidad reconocible. No es la visión de uno solo, sino una construcción colectiva”, afirmaron.
“Roto” es el sencillo central del disco. ¿Qué representa dentro del concepto general del álbum? “Es imposible hablar de ‘Roto’ sin hablar del disco completo. El álbum narra una crisis emocional, pero no desde la glorificación del dolor o el sufrimiento, sino desde lo que se aprende al atravesarlo. No queríamos romantizar la caída, sino entender qué sucede después.
Este sencillo es el punto exacto donde el narrador deja de pelear con la idea de estar mal. Hay una aceptación que no es pasiva, sino profundamente consciente. Por eso la canción se divide en dos momentos muy marcados. Uno visceral, agresivo y caótico, y otro más contemplativo, casi sensorial.
Esa transición conecta directamente con la canción final del álbum, que funciona como una especie de salida emocional. El disco no plantea un cierre definitivo, sino un ciclo. No termina, vuelve a empezar, como pasa con muchas crisis reales”, aseguraron.
El título “el eventual surgimiento de algo” es muy particular. ¿De dónde nace? “Nace de un chiste interno muy cotidiano. Siempre que alguien cancelaba algo decía ‘surgió algo’. Con el tiempo la frase se volvió recurrente y empezó a adquirir otro peso, casi sin darnos cuenta.
Después entendimos que ahí había algo más profundo. Casi nadie habla del después de una crisis, de ese periodo confuso donde no todo está bien, pero tampoco todo está mal. La recuperación no es lineal, en ocasiones estás estable y al día siguiente no. Eventualmente, siempre surgen cosas, incluso en medio del caos”, puntualizaron.
¿Cómo se refleja esa idea en la vida de la banda? “En todo. En la música, en la logística, en las relaciones entre nosotros. Siempre surgen ideas nuevas, problemas inesperados, oportunidades que no estaban en el plan. Aprendimos a aceptar esa incertidumbre como parte natural del proceso creativo y de la vida misma”, respondieron.
En términos de shows, ¿qué viene para Daelenda? “El show de lanzamiento será el 16 de enero en Ciudad de México y lo pensamos como una extensión natural del disco, no como una simple presentación. No queremos reproducir las canciones de manera idéntica, sino permitirnos reinterpretarlas desde el momento que estamos viviendo ahora, con variaciones, silencios y tensiones que solo pueden existir en vivo.
La intención es que el show funcione como una experiencia emocional completa. No buscamos grandilocuencia ni artificios visuales excesivos; nos interesa más la atmósfera, la cercanía y la vulnerabilidad. Queremos tocar desde la honestidad, abrir un espacio donde la gente pueda sentirse segura de conectar con la música, con lo que le provoca, y compartir la pasión y el riesgo con los que vivimos este proyecto”, destacaron.
Para cerrar: después de este disco, ¿qué parte de Daelenda murió y cuál renació? No sentimos que algo haya muerto como tal, sino que hubo un proceso de maduración muy claro. Este disco nos obligó a mirarnos con más honestidad, a entender mejor quiénes somos como banda y qué queremos decir cuando hacemos música. Eso nos dio una seguridad distinta, no basada en certezas, sino en confianza.
Si algo quedó atrás, fue la inexperiencia y el miedo a equivocarnos. Hoy somos más conscientes de nuestras decisiones, más estratégicos y, al mismo tiempo, más abiertos a lo que venga. No tenemos un mapa cerrado ni una meta fija, pero estamos listos para recibir lo que surja, incluso si implica volver a rompernos para transformarnos otra vez”, finalizaron.











































