Más que un baile, es una representación simbólica que combina historia, humor y crítica social
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En las calles de Chiapa de Corzo, cuando la música comienza a sonar y la figura de La Vaquita aparece entre la multitud, los habitantes saben que no se trata solo de una danza, es la representación de una tradición que ha sobrevivido al paso del tiempo y que continúa siendo una de las expresiones culturales más emblemáticas del municipio, especialmente durante las festividades religiosas y populares.
La Vaquita es una figura cargada de simbolismo, su origen se remonta a episodios históricos de gran dificultad para la región, particularmente a la hambruna que, según la tradición oral, fue superada gracias al sacrificio de una res durante la época de María de Angulo. Desde entonces, la figura del animal se convirtió en recordar solidaridad, resistencia y gratitud del pueblo. Con el paso de los años, este significado se ha enriquecido con nuevos elementos, entre ellos el humor, la burla y la crítica social.
Carmelo, habitante de Chiapa de Corzo y conocedor de esta tradición, explicó que La Vaquita no solo representa a la res destinada para la comida grande, sino que también adquiere un nombre y un mensaje que puede ser chusco o incluso de controversia política. Cada año, la expectativa crece entre los asistentes, quienes esperan con atención lo que “dirá la vaca”, pues en su recorrido suele lanzar mensajes cargados de picardía, reflejando el carácter alegre y malicioso que distingue a los chiapacorseños.
Acompañada de personajes como toreros y hacendados, la figura recorre calles y plazas, interactuando directamente con la gente. Esta interacción es una de las características más singulares del baile, dado que rompe la barrera entre espectadores y participantes, convirtiendo a todos en parte activa de la celebración.
Durante el recorrido, se simula la compra y venta de La Vaquita. El hacendado ofrece el animal y el público participa preguntando el precio, negociando y, finalmente, “adquiriéndola” por unos momentos. En ese lapso, la persona que la compra baila con ella, la jala, le quita la rienda y se integra al festejo antes de que La Vaquita continúe su camino. Este juego simbólico refuerza la convivencia comunitaria y el sentido de pertenencia, además de mantener viva la tradición de manera dinámica y participativa.
A través de la sátira, se expresan inconformidades, se señalan problemáticas y se hace crítica política sin perder el tono festivo. De esta manera, la tradición se convierte en una forma de comunicación popular que permite a la comunidad reflexionar y reírse de sí misma, sin romper con el respeto a sus raíces culturales.
La Vaquita de Chiapa de Corzo se mantiene vigente gracias a la transmisión oral, la participación de las nuevas generaciones y el orgullo de un pueblo que encuentra en esta danza una forma de recordar su historia y reafirmar su identidad.
La Vaquita no solo danza; cuenta historias, provoca risas y fortalece los lazos comunitarios, consolidándose como un símbolo de la riqueza cultural de Chiapa de Corzo y del espíritu festivo que caracteriza a su gente.











































