Prestadores de servicios y guías de turistas reportan un incremento sostenido en reservaciones
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Chiapas se prepara para vivir uno de sus periodos más dinámicos del año. Con la proximidad de la Semana Santa, el misticismo de las comunidades indígenas, el verdor de la selva lacandona y la arquitectura colonial de sus ciudades han comenzado a atraer una oleada de visitantes que promete superar las cifras del año anterior. Para el sector del turismo comunitario, esta temporada no es solo una fecha en el calendario, sino el pulmón económico que sostiene a cientos de familias rurales.
En las últimas semanas, el pulso del sector ha cambiado. De acuerdo con representantes gremiales, se ha observado un marcado interés por parte de agencias de viajes nacionales e internacionales que buscan algo más que la foto convencional: buscan la “experiencia Chiapas”. Esto implica recorridos por cafetales, talleres de textiles en Los Altos y senderismo en áreas de conservación manejadas por comunidades originarias.
El optimismo es compartido por quienes están en la primera línea de atención al visitante. Daniel Ovando Valencia, presidente del Colegio de Guías de Turistas de Chiapas, confirmó que la movilidad ya es una realidad palpable. “Para esta temporada alta estamos muy contentos. Ya empezamos a tener bastante movilidad, ya tenemos reservaciones de agencias que se han acercado a los guías de turistas”, señaló.
Para los especialistas, el factor clave en este repunte ha sido la percepción de certidumbre. Ovando Valencia destacó que la implementación de estrategias de seguridad ha sido fundamental para que los turoperadores retomen las rutas con confianza. “Las situaciones han cambiado en el estado de Chiapas; la estrategia de seguridad es lo que se necesitaba y crea las condiciones propicias para poder llevar a cabo nuestra actividad”, subrayó el líder de los guías.
Aunque la oferta comunitaria se extiende por toda la geografía estatal, dos ciudades continúan siendo las “puertas de entrada” obligatorias. San Cristóbal de Las Casas, con su ambiente cosmopolita y cercanía a municipios como San Juan Chamula y Zinacantán, funciona como el principal centro de distribución. Desde aquí, los flujos de visitantes se reparten hacia el Cañón del Sumidero, los Lagos de Montebello y las comunidades de la región de Los Altos.
Por otro lado, Palenque se mantiene como el bastión de la zona norte y la Selva. Es el punto de partida para quienes buscan adentrarse en la profundidad de la Selva Lacandona, visitar las cascadas de Agua Azul o Misol-Ha, y conocer los proyectos de ecoturismo en comunidades como Lacanjá Chansayab. “Esos dos puntos son los básicos; San Cristóbal nos funciona como distribución hacia diferentes atractivos y Palenque para toda la región selva”, explicó Ovando Valencia.
El turismo comunitario en Chiapas se ha consolidado como una alternativa económica vital. A diferencia del turismo de masas, este modelo permite que la derrama económica llegue directamente a las manos de productores locales, cocineras tradicionales y artesanos.
Datos de la Secretaría de Turismo estatal sugieren que durante este periodo vacacional la entidad podría recibir a más de 700 mil visitantes. Si las proyecciones se cumplen, la derrama económica superaría los mil millones de pesos, una cifra que permea de manera transversal en hoteles, restaurantes, transportistas y, de manera muy especial, en las cooperativas comunitarias que gestionan centros ecoturísticos.
A pesar del panorama positivo, los prestadores de servicios saben que el reto es mantener la calidad y la calidez que caracteriza al estado. La capacitación de los guías y la preservación de los recursos naturales son los pilares para que el turismo siga siendo una fuente de ingresos a largo plazo sin erosionar la identidad cultural de las comunidades indígenas.











































