Miles de juventudes continúan viviendo con sus padres debido a la precariedad laboral y la falta de acceso a vivienda accesible
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Iniciar una vida independiente es uno de los retos que cada vez se ven más lejanos para las nuevas generaciones. Los precios inflados de las rentas, salarios raquíticos, el aumento de la informalidad laboral y las jornadas de trabajo extensas son factores que juegan en contra de los jóvenes en Tapachula, ciudad donde cada vez es más visible ver el hacinamiento en los hogares.
La magnitud del servicio del problema se hace visible con las estadísticas compartidas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), dado que, alrededor de 115 mil personas en Tapachula tienen entre 20 y 29 años, grupo que enfrenta uno de los mercados laborales más precarios del sur del país. Si se le añade que Chiapas destaca por ser uno de los estados con el menor salario mensual de México con apenas siete mil pesos, el panorama no es muy alentador para las juventudes, indicó la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.
El problema no solo radica en la renta, también alcanza el acceso a servicios básicos y la posibilidad de generar ahorro. Algunos especialistas confirmaron que cerca del 80 por ciento de los jóvenes tapachultecos continúa viviendo con sus padres debido a los bajos ingresos y la falta de vivienda accesible. Fenómeno económico que reduce las posibilidades de generar un patrimonio propio y que fomenta el rezago social.
A la presión económica se añadió el crecimiento acelerado del mercado inmobiliario en zonas urbanas de Tapachula, impulsado por la demanda habitacional y la movilidad regional. Rentar un cuarto o departamento puede costar entre tres mil y cinco mil pesos mensuales sin incluir los servicios básico. Datos de la Comisión Nacional de Vivienda señalaron que la comarca registró un déficit superior a las 200 mil viviendas adecuadas, panorama que frena las opciones para jóvenes trabajadores.
La permanencia prolongada en el hogar familiar comenzó a modificar incluso la manera en que las nuevas generaciones entienden la adultez y la estabilidad personal. La informalidad laboral, que en la región alcanza 74.9 por ciento según el (Inegi), mantiene a miles de jóvenes sin prestaciones, contratos o acceso a créditos de vivienda. Bajo esas condiciones, independizarse dejó de representar un paso natural de crecimiento y pasó a convertirse en una meta postergada.











































