Registros electorales mostraron un alza en la participación femenina en candidaturas, sin que ello se traduzca en una ocupación equitativa
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La participación política de las mujeres en Chiapas se ha convertido en uno de los fenómenos más constantes del proceso democrático local, no solo por su presencia en las urnas, sino por el peso que han adquirido en la definición de resultados electorales, en un contexto donde su involucramiento supera el de otros segmentos del padrón en distintas regiones del estado.
El voto femenino tiene gran peso en la entidad y se contrasta con las condiciones actuales de representación, debido a que, aunque exista el término paridad, no todas las estructuras políticas y municipios cumplen con lo que dicta la ley; en muchas ocasiones y sobre todo en los pueblos originarios los usos y costumbres se anteponen, por consiguiente, la posesión de cargos públicos para mujeres termina siendo un evento simbólico, carente de respaldo político y electoral.
En los últimos ejercicios electorales se habló de siete mil candidaturas donde una mujer aspiraba a ocupar un puesto de elección popular en la comarca, número que el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana consideró un avance ante un sistema de elecciones que poco a poco empieza asimilar que la aparición de nombres femeninos en la boleta electoral tiene que ser una constante y un derecho irrefutable.
El seguimiento institucional sobre la integración de ayuntamientos en el estado indicó que menos del 30 por ciento de las presidencias municipales han sido ocupadas por mujeres en ciclos recientes, condición que confirmó una brecha entre participación electoral y acceso real a posiciones ejecutivas dentro de los gobiernos locales.
La discusión sobre la violencia política de género también ha cobrado relevancia en este contexto, debido a que los registros de instancias electorales estatales han documentado un incremento en denuncias relacionadas con limitaciones en el ejercicio del cargo, fenómeno recurrente en municipios donde las dinámicas políticas continúan marcadas por prácticas tradicionales que restringen la toma de decisiones de las mujeres electas.











































