El plan de contingencia arrancará este 22 de junio con el objetivo de liberar hasta 100 millones de especímenes semanales
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En el tablero de la sanidad agropecuaria global, el sur de México ha comenzado a jugar su carta más estratégica ante la amenaza latente y devastadora del gusano barrenador del ganado (Cochliomyia hominivorax), una plaga que devora los tejidos vivos de los animales y pone en jaque la economía pecuaria, la ciencia y la diplomacia internacional han desenterrado un gigante dormido en Chiapas, se trata de la histórica planta de producción de moscas estériles, construida originalmente en 1976, la cual está siendo sometida a una reconversión tecnológica de vanguardia para convertirse, una vez más, en el epicentro del control biológico de la región.
Este esfuerzo, coordinado de manera conjunta por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), representa un esfuerzo binacional contrarreloj.
El objetivo es recuperar el estatus zoosanitario, proteger el hato ganadero nacional y reabrir los canales de exportación que hoy se encuentran congelados por el avance de la plaga.
La metamorfosis de la planta chiapaneca no es un proyecto a futuro; es una realidad inmediata; Humberto Gómez Velázquez, encargado de la adecuación de la infraestructura, confirmó que los trabajos civiles y tecnológicos presentan un progreso contundente, cimentado en estudios previos de factibilidad que validaron el rescate de las instalaciones setenteras.
“Mira, tenemos en este momento un avance general del 85 por ciento de la adecuación de esta planta… se hizo el análisis para ver la viabilidad de que esta planta pudiera ocuparse para la producción de gusano barrenador del ganado y resultó positiva, de la cual se ha derivado una serie de inversiones para llevar a cabo la adecuación”, detalló Gómez Velázquez.
A pesar de la complejidad que implica instalar sistemas de última generación, los ingenieros a cargo han diseñado una estrategia logística para no retrasar el impacto del programa en el campo. Aunque el sistema de irradiación definitivo de la planta el núcleo tecnológico donde se esteriliza a los insectos mediante energía controlada estará completamente operativo hasta el mes de noviembre, las autoridades sanitarias no están dispuestas a esperar.
Para sortear este cuello de botella temporal, se ha activado un “Plan B” de contingencia que permitirá encender los motores de la planta este mismo mes.
“No obstante tenemos una alternativa, un plan B para este caso… tenemos planes de ocupar este sistema de irradiación… de tal manera que no impida nuestro arranque para el día 22 de junio”, explicó el funcionario.
De acuerdo con el cronograma oficial, el 22 de junio se montarán las primeras jaulas de la colonia de moscas para iniciar formalmente el ciclo biológico de producción en masa.
“Estamos hablando que alrededor del 13 de julio de este año estaremos teniendo las primeras pupas, las primeras pupas listas para ser irradiadas, lo cual sería nuestro producto final”, precisó Gómez Velázquez.
El plan de combate contempla una curva de producción ascendente, la planta iniciará operaciones liberando una fuerza de 30 millones de moscas estériles semanales durante su fase de arranque en junio y julio.
Esta cifra se incrementará de manera gradual conforme se estabilicen los sistemas, con la meta de alcanzar una producción masiva de 100 millones de insectos a la semana en noviembre, coincidiendo con la inauguración del sistema de irradiación principal.
Sin embargo, producir millones de moscas es solo la mitad del desafío; la verdadera proeza radica en la logística de distribución. ¿Cómo se traslada un ejército de insectos vivos y sumamente delicados desde los laboratorios de Chiapas hasta los ranchos y zonas afectadas del país sin que mueran en el intento? La respuesta está en una rigurosa y milimétrica cadena de frío, un método perfeccionado por la ciencia veterinaria durante las últimas décadas.
“Pues el proceso está bien definido, es una técnica que se ha ocupado a lo largo de más de 50 años… está bien definido por medio de cadenas de frío, la pupa después de irradiar pasa a un proceso de enfriamiento para que la logística esté trasladada de manera aérea al centro de empaque”, describió Gómez Velázquez.
Al enfriar las pupas a temperaturas específicas, los insectos entran en un estado de letargo o animación suspendida (similar a una hibernación artificial), esto detiene temporalmente su desarrollo y reduce su metabolismo, permitiendo que sean empaquetadas y transportadas en aviones hacia los centros de distribución regional.
Una vez en las zonas de liberación, las pupas se cargan en aeronaves equipadas con tolvas especiales que las dispersan de manera uniforme desde el aire, al caer y recuperar la temperatura ambiental, las moscas despiertan, emergen de sus capullos y vuelan en busca de moscas silvestres. Al aparearse con insectos estériles, las hembras salvajes producen huevecillos inviables, interrumpiendo el ciclo reproductivo del parásito y colapsando la población de la plaga en pocas generaciones.
A pesar del despliegue tecnológico, la millonaria inversión y la precisión aeronáutica, las autoridades de SENASICA y los coordinadores del programa son realistas: la tecnología del insecto estéril no puede erradicar la plaga por sí sola si no existe una corresponsabilidad en el suelo, el verdadero frente de batalla se localiza en el día a día de las unidades de producción pecuaria, donde el ojo del ganadero es la primera línea de defensa.
La mosca del gusano barrenador deposita sus huevecillos en cualquier herida abierta de un animal mamífero (ya sea por el marcaje, el descorne, la castración, el corte del cordón umbilical en recién nacidos o simples raspones con el alambre de púas). En pocas horas, las larvas nacen y se alimentan de la carne viva del hospedador, provocando infecciones severas, pérdida de peso y, de no tratarse, la muerte del animal.
Por ello, el éxito de la megaobra chiapaneca depende del compromiso de los productores, capataces y vaqueros en los ranchos, la instrucción oficial es clara y urgente: inspección diaria, curación inmediata y reporte inmediato.
“Entonces, lo importante es mantener la vigilancia continua de las heridas y la cura de las heridas, así como los reportes oportunos de cualquier gusanera que pueda identificarse en algún animal”, enfatizó Humberto Gómez Velázquez como un llamado de alerta a las comunidades rurales. “Es importante estar bien informados y contar con el contacto de, en este caso, del SENASICA, para poder reportar cualquier herida, cualquier gusanera que puedan identificar en su hato ganadero o en algún animal de casa”.
El relanzamiento de esta planta en Chiapas no solo representa un triunfo de la ingeniería sanitaria, sino también un respiro económico para miles de familias que dependen de la ganadería, con las fronteras epidemiológicas reforzadas y la reactivación de la Técnica del Insecto Estéril, México se prepara para contener el avance del parásito, limpiar sus campos de la plaga y devolverle la certidumbre a un sector ganadero que hoy, más que nunca, necesita volver a exportar con tranquilidad.











































