Vecinos denunciaron que los ataques ocurren a plena luz del día
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
La tranquilidad característica del Barrio Colón se ha visto fracturada por una sombra de violencia que acecha desde el anonimato. Lo que la comunidad percibía como incidentes aislados de maltrato animal ha escalado a una preocupación de seguridad pública mayor, tras confirmarse la presencia de un tirador que utiliza armas de aire comprimido de manera recurrente, operando con total impunidad a escasos metros de instituciones educativas y en horarios de alta afluencia peatonal.
El pasado 31 de marzo. Alrededor de las ocho de la mañana, un grupo de vecinos localizó a una pequeña ardilla que se arrastraba con dificultad en una jardinera local. Aunque el primer instinto de los rescatistas fue atribuir el estado del animal a una caída o un accidente natural, la intervención veterinaria especializada reveló una verdad mucho más siniestra.
Los estudios de rayos x practicados al roedor confirmaron el hallazgo de dos impactos de diábolos (perdigones de plomo). Uno de los proyectiles se encontraba incrustado directamente entre las vértebras de la columna, provocando lesiones irreversibles. Pese a los esfuerzos por salvarle la vida, el animal no sobrevivió, convirtiéndose en el símbolo de una violencia gratuita que parece estar ganando terreno en las calles del barrio.
Para los residentes de la zona, la muerte de la ardilla no es un hecho fortuito. Denuncias recabadas entre los colonos señalan que el uso de estas armas se ha vuelto una constante, especialmente durante las madrugadas. El “modus operandi” del agresor o agresores parece centrarse en objetivos vulnerables: perros en situación de calle que buscan refugio en las aceras.
Testigos afirman que es común escuchar el sonido seco del disparo característico de las armas de aire comprimido o CO2 seguido inmediatamente por los quejidos de dolor de los canes. La precisión de los impactos sugiere que el responsable posee cierta habilidad o entrenamiento en el manejo de proyectiles, lo que incrementa la sensación de vulnerabilidad entre quienes transitan por la zona.
El factor más alarmante de esta ola de agresiones es la ubicación geográfica de los ataques. El sitio donde fue herida la ardilla se encuentra a una distancia mínima de un jardín de niños (kínder). Los horarios en los que se han registrado los disparos entre las siete y las 7:30 de la mañana coinciden precisamente con el momento en que padres de familia y menores de edad acuden al plantel escolar.
“El suceso se originó en plena hora de entrada escolar. El temor no es solo por la vida silvestre o las mascotas, sino por el riesgo latente de que un proyectil desviado o un ataque directo alcance a un niño o a cualquier transeúnte”, manifestó un portavoz de los vecinos. La preocupación radica en que, si no se pone un alto inmediato, la “curva de violencia” del agresor podría desplazarse de los animales a los seres humanos.
Los colonos ya han interpuesto las denuncias correspondientes ante las instancias judiciales y administrativas. Es importante recordar que, bajo la legislación estatal vigente, el maltrato animal ya no es considerado una falta administrativa menor, sino un delito que puede ser castigado con hasta cuatro años de prisión.
Aunado a ello, el uso de armas de aire comprimido en la vía pública contraviene los reglamentos de seguridad ciudadana y buen Gobierno, representando una amenaza directa a la integridad física de la población. La comunidad del Barrio Colón hace un llamado enérgico a la Secretaría de Seguridad Pública y a la Fiscalía para que se realicen patrullajes preventivos y se inicie una investigación de campo que permita identificar al responsable.




















































