Denunciaron riesgos a la salud por filtración de aguas residuales que afecta el centro histórico
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
Por más de un año, los habitantes de Chiapa de Corzo han convivido con un foco de infección a cielo abierto, una fuga de aguas negras que desemboca directamente en el río Grijalva, a la altura del centro histórico de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad. A pesar de las denuncias y la organización vecinal, autoridades municipales no han dado una respuesta efectiva, agravando el problema con cada día que pasa.
La zona afectada se ubica específicamente en la esquina de la Avenida Independencia y la calle Mexicanidad, justo frente a la Casa del Patronato de Feria. Ahí, una construcción reciente —presuntamente la de un restaurante— provocó una fuga continua desde un registro de drenaje. Esta filtración ha generado un olor fétido que se extiende desde el lugar hasta la iglesia, el mercado y otras zonas del centro.
La caída del agua contaminada no es solo un asunto estético o de imagen urbana, representa un riesgo latente para la salud pública. En entrevista, Jacinto Zamora, vecino de la zona, lamenta la pasividad de autoridades y el impacto en la vida cotidiana de las personas.
“Las aguas negras llegan al centro, y es un centro histórico. Desde luego afecta al 100 por ciento. El olor es un foco de infección y lo malo es que esas aguas negras han perdurado todo el tiempo. No es posible que las autoridades del municipio, que son las responsables de estos problemas, no se hayan dado cuenta de que arrojen y lleguen las aguas negras al río”, señaló.
La denuncia no es nueva. Los habitantes se han organizado cada tres años a través de comités de barrio que gestionan necesidades locales ante el ayuntamiento. Sin embargo, la gestión del agua sigue siendo una deuda pendiente.
Peor aún, muchas viviendas dependen del agua del mismo río para cubrir sus necesidades básicas. En temporada de lluvias, cuando el nivel del afluente crece y arrastra más residuos, el líquido que llega a las casas se vuelve prácticamente inutilizable.
“Aquí no hay agua potable, el agua que llega a las casas es del río. Entonces, en estos tiempos de lluvias, el agua que llega a las casas es prácticamente agua sucia”, afirmó Jacinto con resignación.
Además del mal olor y el deterioro del entorno histórico, los vecinos ahora enfrentan otro problema, la proliferación de mosquitos. Esto no solo aumenta el riesgo de enfermedades como dengue o zika, sino que vuelve insostenible la convivencia en espacios al aire libre.
“Pedimos el apoyo de las autoridades porque ya incrementó la población de mosquitos, y esto es insostenible. Necesitamos una solución ya”, concluyó Zamora.
La contaminación del río Grijalva no es un hecho aislado. Este cuerpo de agua es uno de los más importantes del sureste mexicano, y su deterioro representa un atentado a la salud ambiental de toda la región. La situación en Chiapa de Corzo pone en evidencia la fragilidad de los sistemas de drenaje, la falta de regulación sobre nuevas construcciones y la ausencia de una política clara de saneamiento urbano.
Vecinos han insistido en que el municipio debe tomar cartas en el asunto, realizar una inspección técnica, clausurar temporalmente las instalaciones que provocaron la fuga y poner en marcha un plan de rehabilitación integral del drenaje en la zona histórica. No hacerlo sería condenar a los habitantes a vivir entre malos olores, agua contaminada y plagas, en una ciudad que presume de ser destino turístico y joya arquitectónica de Chiapas.
Los pobladores no piden obras monumentales ni megaproyectos, solo demandan lo básico, acceso a agua limpia, condiciones salubres y respeto por su entorno. Mientras tanto, el río sigue arrastrando no solo aguas negras, sino también la indiferencia de las autoridades ante una crisis que se profundiza.











































