Autoridades y Protección Civil son requeridas para supervisar la seguridad y operación del establecimiento
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Los habitantes de la colonia San José Terán, en Tuxtla Gutiérrez, denunciaron que la empresa Gas Com opera sin control suficiente, tras un incidente que puso en riesgo la vida de decenas de personas durante la noche del 1 de noviembre. Una pipa quedó atorada al salir del portón principal, este mismo liberó un sonido agudo similar a un escape de gas, mientras el conductor y tres empleados mostraban signos de intoxicación por consumo de alcohol dentro de las instalaciones.
El episodio coincidió con la celebración de Día de Muertos, cuando la zona estaba concurrida por la tradicional “calabacita”. Vecinos relataron que el miedo a una explosión generó crisis nerviosas en adultos mayores y personas con discapacidad. Según la National Fire Protection Association, los accidentes en estaciones de servicio provocan un promedio anual de tres muertes y más de 40 lesiones, lo que refleja la magnitud del riesgo en situaciones similares.
La comunidad reportó que, tras el incidente, han recibido presiones e intimidaciones de quienes operan la empresa, lo que incrementó su sensación de vulnerabilidad. Estudios oficiales indicaron que accidentes en estaciones de servicio y fugas de gas representan hasta uno de cada cinco emergencias atendidas por cuerpos de bomberos urbanos en el país, lo que refleja cómo esta industria puede transformarse en zona de alto riesgo.
Los vecinos demandaron que la autoridad municipal de Protección Civil supervise de inmediato a la empresa Gas Com, gestión de licencias, mantenimiento de equipos, protocolos de operación y seguridad perimetral. A nivel nacional, Petróleos Mexicanos reportó más de seis mil 646 fugas y derrames de hidrocarburos en los últimos 10 años, lo que evidenció la magnitud del reto regulatorio en el sector.
Para la comunidad de San José Terán, la gasera representó un peligro latente. Su frase es clara, “Seguridad o cierre”. La exigencia ya no solo es por lo ocurrido, sino por la urgencia de vivir sin miedo en su propia casa. La operación de una instalación de alto riesgo en medio de una zona poblada exige vigilancia continua y decisión institucional.




















































