Bloquearon la Avenida Central para exigir a autoridades la reactivación de eventos y la recuperación de fuentes de ingreso
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
El calor del mediodía acompañó a decenas de hombres y mujeres que, con sombreros, botas y pancartas en mano, se congregaron este miércoles 12 de septiembre frente al parque central de Tuxtla Gutiérrez. Son los carrileros de Chiapas, quienes desde hace más de ocho meses viven una crisis económica tras la suspensión de las carreras de caballos, una actividad que para muchos no solo representa un deporte, sino su modo de vida.
Los manifestantes, provenientes de municipios como Ocozocoautla, Berriozábal, Chiapa de Corzo y San Fernando, bloquearon por varias horas la Avenida Central, una de las principales arterias de la capital chiapaneca, para exigir al Gobierno estatal una respuesta clara sobre la reactivación de los eventos ecuestres.
Entre los gritos de “¡Queremos trabajo, no promesas!” y el sonido de los cascos de los caballos que acompañaron la protesta, los participantes recordaron que la suspensión, vigente desde enero de este año, ha dejado sin sustento a más de 400 familias vinculadas directa e indirectamente a las carreras.
UNA CADENA LABORAL DETENIDA
De acuerdo con los carrileros, detrás de cada competencia hay entrenadores, cuidadores, jinetes, veterinarios, herreros, vendedores ambulantes y transportistas que dependen de los eventos para sobrevivir.
“Nosotros no pedimos apoyo económico ni dádivas, solo queremos que nos dejen trabajar”, expresó uno de los representantes del gremio durante la manifestación. Según explicó, la suspensión de las carreras obedecería a presuntas irregularidades administrativas y a la falta de lineamientos actualizados para su realización, aunque hasta el momento no existe una versión oficial por parte de las autoridades.
La situación, señalan los afectados, ha generado pérdidas económicas significativas. Solo en Tuxtla Gutiérrez, cada carrera solía generar más de 300 empleos temporales y una derrama económica que beneficiaba tanto a proveedores como a comerciantes locales.
“Muchos compañeros tuvieron que vender sus caballos o endeudarse para mantener a sus familias. El Gobierno no dimensiona el daño que esta decisión ha causado”, comentó un cuidador proveniente de Ocozocoautla.
TRADICIÓN Y DEPORTE
Las carreras de caballos forman parte del patrimonio cultural y rural de Chiapas, especialmente en comunidades donde el campo y la ganadería son pilares económicos. Para los carrileros, la suspensión no solo afecta la economía, sino también una tradición que ha sido transmitida por generaciones.
“Mi abuelo fue carrilero, mi padre también, y ahora mis hijos están creciendo viendo cómo se destruye una tradición que nos une como comunidad”, lamentó un participante durante el bloqueo.
Los organizadores aseguran que los eventos se han desarrollado históricamente de manera ordenada y con respeto a las normas, y que están dispuestos a acatar nuevos reglamentos si las autoridades lo consideran necesario. “Si quieren regular, que regulen; pero que no nos desaparezcan”, insistieron.
DIÁLOGO EN CURSO
Durante la manifestación, una comitiva de representantes carrileros fue recibida por funcionarios estatales para entablar un diálogo en busca de soluciones. Aunque no se dieron a conocer los detalles del encuentro, los manifestantes aseguraron que permanecerán atentos a los resultados.
“Queremos confiar en que esta vez sí habrá respuestas. No queremos enfrentamientos, solo trabajar en paz”, expresaron tras concluir el bloqueo, que se mantuvo de manera pacífica y fue supervisado por elementos de seguridad y tránsito municipal.
Los participantes advirtieron que, si en los próximos días no obtienen una resolución favorable, podrían retomar las protestas y extenderlas a otras regiones del estado.
ESPERANZA Y RESISTENCIA
Entre la incertidumbre y la esperanza, los carrileros reiteran que las carreras de caballos son más que un espectáculo: son el sustento de familias enteras y un símbolo de identidad chiapaneca.
“Las autoridades deben entender que esto no es un juego. Cada día sin carreras es un día sin comida para muchos hogares”, expresó un joven jinete antes de retirarse del parque central.
Mientras tanto, los trabajadores del gremio aguardan que las mesas de diálogo den frutos y que, tras meses de silencio, los carriles vuelvan a llenarse de polvo, adrenalina y esperanza.
La consigna que marcó la jornada resume su sentir: “No pedimos lujo, pedimos trabajo.”











































