La degradación de áreas naturales consideradas pulmones del estado evidenciaron el abandono institucional y puso en riesgo la biodiversidad
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
En Chiapas, los humedales se han convertido en zonas vulnerables frente al avance de la deforestación, los asentamientos irregulares y el saqueo de especies. En los últimos 30 años, estos ecosistemas han perdido hasta el 40 por ciento de su superficie, una reducción que comprueba un deterioro ambiental avanzado, así como la ausencia de una política sostenida de conservación y vigilancia en áreas naturales consideradas estratégicas.
De acuerdo con registros ambientales oficiales, el estado cuenta con 305 mil hectáreas de humedales, lo que representa apenas el 60 por ciento de la extensión que existía hace tres décadas. Estos espacios, distribuidos en reservas, parques nacionales y sistemas lagunares y estuarinos, cumplen funciones clave como la regulación del agua, la captura de carbono y la protección ante fenómenos hidrometeorológicos cada vez más frecuentes.
Por otra parte, estadísticas nacionales señalaron que más del 70 por ciento de los humedales del país enfrenta algún grado de degradación, mientras que la comarca figura entre los estados con mayor presión sobre estos ecosistemas por incendios forestales, tala ilegal y cambios de uso de suelo. En zonas donde antes predominaba la vegetación hidrófila, hoy avanzan construcciones y actividades extractivas sin control.
Algunos reportes puntualizaron que alrededor del 40 por ciento de la población chiapaneca depende directa o indirectamente de los servicios ambientales, como el abastecimiento de agua, la pesca o la protección contra inundaciones. La degradación de humedales reduce estas funciones y expone a comunidades enteras a riesgos ambientales y económicos cada vez más severos.
Especialistas advirtieron que la situación ya debe considerarse una emergencia ecológica, no solo por la pérdida de biodiversidad, sino por la falta de corresponsabilidad institucional. Sin inversión en vigilancia, restauración y participación comunitaria, los humedales de la entidad corren el riesgo de desaparecer como barreras naturales, comprometiendo uno de los patrimonios ambientales más valiosos del sureste mexicano.











































