Escuelas sin jabón, baños adecuados ni recursos de higiene limitan la salud y el desarrollo de adolescentes en varias comunidades
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
El acceso limitado a productos de gestión menstrual mantiene a miles de niñas y mujeres fuera de la escuela y de sus actividades cotidianas, esto genera un impacto profundo en su bienestar y desarrollo. La falta de recursos básicos obliga a improvisar con papel higiénico o a permanecer en casa durante sus periodos, lo cual condiciona su rutina y su aprendizaje.
En comunidades rurales de Chiapas, la ausencia de información sobre el ciclo menstrual y de servicios médicos locales intensifica la vulnerabilidad. Un estudio reciente reveló que 65 por ciento de las jóvenes presenta síntomas sin recibir atención profesional y que 35 por ciento ha tenido interrupciones en sus actividades escolares por falta de apoyo o insumos. Estas condiciones invisibilizan los retos diarios que enfrentan y perpetúan la desigualdad.
La implementación de la tasa cero del IVA para productos menstruales redujo en promedio 10 por ciento los precios de toallas, tampones y copas, beneficio para mujeres de menores ingresos. Sin embargo, el monitoreo de la Procuraduría Federal del Consumidor mostró que solo 41 por ciento de las escuelas dispone de estos insumos de manera constante. Estos datos demostraron que la política aún no garantiza cobertura completa ni equidad en la atención.
Las consecuencias van más allá de la menstruación; los dolores, ciclos irregulares y síntomas asociados limitan la autonomía de 28 por ciento de las estudiantes y dificultan la participación plena en la vida académica y social. Expertas advirtieron que esta situación constituye una forma de violencia estructural, donde la pobreza y los tabúes culturales se combinan para obstaculizar la dignidad y derechos de las mujeres.
Atender esta problemática requiere estrategias integrales que incluyan educación menstrual, acceso constante a productos y atención médica especializada, con un enfoque de equidad y derechos humanos. Solo así se podrá garantizar que cada niña y mujer viva su menstruación con dignidad, esto transforma su experiencia y promueve igualdad en la educación y la sociedad.











































