La competencia con productos industrializados y falta de regulación en precios mantienen al sector en condiciones de desigualdad
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La producción artesanal textil en Chiapas hoy vive una crisis que golpea a cerca de 300 mil personas que dependen de la comercialización de sus artesanías para subsistir, debido al fenómeno cultural del regateo, el cual consiste en negociar los precios por la adquisición de algunos de sus productos y que significa un golpe directo a la economía del productor, quien no ve reflejado su trabajo en un ingreso justo frente a grandes cadenas y monopolios.
Por ejemplo, la dinámica comercial ha generado que prendas valuadas en mil 500 pesos terminen vendiéndose hasta en 700 pesos, lo que representa pérdidas directas sobre el tiempo de trabajo invertido en cada pieza y sobre la cadena completa de producción artesanal; algunos artesanos aseguraron que las rebajas solicitadas por consumidores llegan a oscilar entre 20 y 60 por ciento, fenómeno que impacta tanto en prendas tradicionales como en productos de uso cotidiano.
Las demarcaciones territoriales más afectadas por este tipo de trueque con Venustiano Carranza, San Juan Chamula y Arriaga, detalló el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, lugares donde la producción textil y de otro tipo de artesanías son la única fuente de ingresos de cientos de familias; adicional la Secretaría de Economía estatal afirmó que el rubro artesanal es relevante en las finanzas de la entidad, dado que, generar una derrama económica significativa en las comunidades rurales.
El valor del trabajo artesanal se ve aún más presionado cuando se considera que una prenda puede requerir hasta 14 días de elaboración, lo que implica un costo de mano de obra que supera los cuatro mil pesos sin contar materiales ni distribución, por otra parte, la comarca se encuentra entre los estados con mayores niveles de pobreza laboral, condición que influye en la vulnerabilidad de quienes dependen de la venta de textiles para su sustento diario y que no tienen otra alternativa que ajustar sus precios con la intención de llevar el sustento a su hogar.
La competencia con productos industrializados y la reproducción de diseños tradicionales en mercados externos ha intensificado la presión sobre el sector, mientras artesanas advirtieron que la falta de reconocimiento del tiempo de trabajo y del valor cultural de las piezas mantiene un desequilibrio constante en la cadena comercial.











































