Indicadores de empleo e informalidad mostraron que la estructura económica chiapaneca sigue sin prosperar
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Uno de los ejes fundamentales que abanderan al Gobierno federal es la reducción de la pobreza en los estados más olvidados del país; a pesar de las múltiples estrategias y apoyos otorgados a la sociedad, entre 2018 y 2024 el índice de rezago económico en Chiapas no tuvo una mejoría, la situación de pobreza extrema en la entidad perdura hasta hoy en día y sigue sin dar síntomas de mejoría.
De acuerdo con la medición de pobreza multidimensional elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en su publicación de agosto de 2025, la comarca concentró 22.9 por ciento de la pobreza extrema del país, pero solo aportó 2.5 por ciento de su reducción nacional, lo que equivale a 42 mil 994 personas en seis años, esto demuestra que la movilidad social en el estado es insignificante y prueba de que los programas sociales no han tenido la repercusión proyectada.
El mismo informe del Inegi detalló que 66 por ciento de la población chiapaneca se mantenía en pobreza multidimensional y 27.1 por ciento en pobreza extrema, los niveles más altos del país, condición que ayuda a explicar por qué el impacto de las transferencias sociales no logró modificar de forma sustancial la estructura económica local y es que especialistas aseguraron que la fórmula para erradicar la pobreza en México no se puede obtener una dos administraciones, sino que recae en un plan bien fundamentado y a largo plazo que ataque las causas de la pobreza y no solo maquille sus cifras.
Las estadísticas del propio Inegi sobre mercado laboral complementaron este escenario al ubicar a la entidad con 76.4 por ciento de la población con carencias de seguridad social, 60.8 por ciento en pobreza laboral y una informalidad cercana a 74.8 por ciento, indicadores que enmarcaron una estructura económica donde el ingreso estable y el empleo formal siguen sin estar al alcance de aquellos que desean una mejor calidad de vida.
Asimismo, la lectura que atraviesa el sexenio es la de una reducción nacional de pobreza que no se distribuyó de forma homogénea, debido a que el avance general convivió con un estancamiento en el estado, donde los programas sociales funcionaron como contención inmediata, pero no lograron alterar los factores estructurales que mantienen a la entidad en los niveles más altos de pobreza del país.











































