El encarecimiento de insumos como el maíz, energía eléctrica y combustibles fuerza un ajuste de entre los dos y cuatro pesos
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La dieta básica de las familias capitalinas enfrenta un nuevo embate económico. En diversas zonas de Tuxtla Gutiérrez, el precio del kilogramo de tortilla ha comenzado a registrar incrementos significativos, alcanzando en algunos puntos del norte poniente de la ciudad los 28 pesos, mientras que en el resto del municipio el costo oscila todavía entre los 22 y 24 pesos.
Este ajuste, que aún no se generaliza de forma uniforme, responde a una presión inflacionaria en los costos de producción que, según líderes del sector, se ha vuelto insostenible para los industriales de la masa y la tortilla. Factores como el desabasto de grano por sequías, el aumento en las tarifas eléctricas y el costo de los fletes logísticos han creado la “tormenta perfecta” para este incremento.
Marco Antonio Rosales, consejero de la Industria de la Masa y la Tortilla en Chiapas, explicó que, al ser un mercado liberado, no existe una autoridad que fije un precio oficial, por lo que cada establecimiento ajusta sus costos según su realidad operativa.
“Esto está liberado… no hay una autoridad que diga cuánto debe costar. Sin embargo, sí creo que va a haber un ajuste de precio generalizado; ya es un hecho que la harina de maíz (maseca) va a subir, y eso impacta directamente en el mostrador”, afirmó Rosales.
El consejero advirtió que el incremento podría estabilizarse en un alza de entre los dos y cuatro pesos adicionales en los próximos meses, dependiendo de la zona geográfica y el método de elaboración, destacando que el uso de maíz nixtamalizado proceso tradicional y más nutritivo eleva los costos por encima de quienes utilizan solo harina industrializada.
Para los comerciantes que dependen de la tortilla para sus negocios de comida, y para los propios tortilleros, el panorama es desalentador. La resistencia a subir el precio se debe al miedo de perder a una clientela que ya llega con el presupuesto justo.
“Sí nos está afectando bastante la subida de las verduras; el jitomate está en 50 pesos y el limón hasta en 70 pesos el kilo. Si sube la tortilla, nos va a afectar más porque no podemos subir mucho el precio de la comida corrida o los antojitos. La gente ya no viene como antes; esperábamos más ventas y no hubo nada, nos sostenemos con lo poco que tenemos”.
“Nosotros mantenemos los mismos precios (23 pesos) para no perder clientela, aunque siendo honestos, ya no es rentable. Pagamos más de luz, más de gas y el maíz sube cada semana. Estamos absorbiendo el costo nosotros, pero llegará un punto en que si no subimos un par de pesos, vamos a tener que cerrar”.
A nivel nacional, el panorama de sequía ha reducido la producción de maíz blanco, lo que obliga a los industriales chiapanecos a traer grano de otros estados, incrementando el gasto en combustibles. En Chiapas, el promedio estatal ronda los 23 pesos, pero la disparidad en Tuxtla Gutiérrez refleja la crisis, mientras en las periferias se intenta mantener el precio bajo, en las zonas residenciales o de alto costo operativo el techo de los 30 pesos parece cada vez más cercano.
Las familias chiapanecas, que históricamente tienen uno de los niveles de ingresos más bajos del país, ven cómo el poder adquisitivo se pulveriza. “Si antes compraba dos kilos para la comida de la familia, ahora solo llevo uno y medio. No alcanza para más cuando el huevo y el frijol también están por las nubes”, comentó una consumidora a las afueras de un establecimiento.
Pese a que se analizan mecanismos para contener el impacto, la tendencia al alza parece irreversible para el corto plazo, consolidando a la tortilla no solo como un alimento sagrado, sino como un lujo cada vez más difícil de costear en la capital chiapaneca.




















































