Aunque reconocen que estas estructuras salvan vidas, persisten cultura vial y mantenimiento
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En las avenidas más transitadas de la capital chiapaneca, los puentes peatonales representan una de las pocas barreras efectivas entre los peatones y el riesgo de sufrir un atropellamiento. Sin embargo, pese a las cifras alarmantes, su uso sigue siendo un debate cotidiano entre quienes privilegian la seguridad y quienes consideran que estas estructuras resultan poco accesibles o incómodas.
Tuxtla Gutiérrez concentra, de acuerdo con datos del Secretariado Técnico del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes (STCONAPRA), más del 35 por ciento de los accidentes viales registrados en Chiapas, y tan solo en el último año se documentaron más de 900 incidentes relacionados con peatones. Vialidades como el Libramiento Norte, el Boulevard Belisario Domínguez o el Libramiento Sur figuran entre las más peligrosas debido a la velocidad vehicular y al flujo constante.
El Instituto de Planeación Municipal (IMPLAN) estima que alrededor de 180 mil peatones circulan diariamente por los corredores prioritarios de la ciudad, donde pueden transitar más de 70 mil vehículos al día. A pesar de ello, no todos optan por usar los puentes peatonales, aun cuando están disponibles a pocos metros.
Alexa, una joven entrevistada en un sondeo ciudadano, aseguró que el beneficio es mayor que la molestia:
“Me evita de un accidente o que me puedan atropellar… aunque camino más es más seguro”.
Su percepción coincide con las estadísticas: el IMPLAN señala que el uso del puente peatonal reduce hasta en 85 por ciento la probabilidad de atropellamiento en zonas de alto tráfico. Sin embargo, no todos los peatones muestran el mismo compromiso.
Para María Asunción, una mujer que transita a diario por una de estas vialidades, la responsabilidad es evidente.
“Es mejor porque ya ve todo el carrerio que hay y cuántos accidentes hay… más vale tarde que nunca”.
Aun así, los reportes de Tránsito Municipal indican que al menos uno de cada cuatro atropellamientos registrados en la ciudad ocurre en zonas donde existe un puente peatonal cercano, lo que evidencia la persistencia de prácticas de riesgo como cruzar corriendo o entre vehículos.
Las dificultades aumentan para personas adultas mayores o con movilidad limitada. Wilber Salazar, también entrevistado, reconoce que el puente es una herramienta de seguridad, pero señala que su diseño no siempre favorece a todos.
“Es fundamental que aprendamos a utilizarlo por seguridad… pero aquellas personas mayores que tienen problemas de movilidad sí batallan”.
El testimonio del propio Wilber refleja los retos reales.
“A veces nos atrevemos a cruzar corriendo porque ya nos fallan las rodillas… pensamos para subir el puente peatonal porque resulta lo mismo, subiendo como 20 de subida y de bajada”.
La Secretaría de Obras Públicas municipal reconoce que solo el 18 por ciento de los puentes peatonales cuentan con rampas o infraestructura adecuada para personas con discapacidad, madres con carriolas o adultos mayores. Esto limita su uso y empuja a algunos peatones a arriesgarse cruzando a nivel de calle.
Especialistas en movilidad sostienen que los puentes peatonales sí salvan vidas, pero deben acompañarse de una estrategia integral, mantenimiento, accesibilidad universal, señalización y programas de cultura vial. En tanto esas mejoras llegan, los habitantes insisten en que caminar un poco más puede marcar la diferencia entre un traslado seguro y un accidente grave.
Los puentes peatonales no solo son una estructura metálica sobre la carretera, sino un recurso que podría evitar que las alarmantes cifras de atropellamientos sigan aumentando. Como repiten los propios ciudadanos, “más vale tarde que nunca”.




















































