La rentabilidad de cultivos contrasta con los bajos incentivos para la conservación, lo que impulsa el cambio de uso de suelo
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En la Selva Lacandona, la pérdida de cobertura forestal avanza de forma sostenida, impulsada por actividades que encuentran en la rentabilidad inmediata un incentivo difícil de contener. Cada año desaparecen alrededor de tres mil hectáreas, una presión constante que reduce uno de los ecosistemas más importantes de Mesoamérica y que coloca a la Reserva de la Biosfera Montes Azules en un punto crítico frente al avance de la palma africana, la tala clandestina y la ganadería extensiva.
La transformación del territorio responde a una lógica económica donde el uso del suelo se redefine en función de su rentabilidad. Chiapas concentró más de 64 mil hectáreas de palma africana, y registros oficiales señalaron que al menos el 44 por ciento de esta superficie se ubica en zonas selváticas, lo que ha acelerado el cambio de paisaje en regiones que antes funcionaban como corredores biológicos clave.
A esta presión productiva se suma una dinámica de extracción nocturna ilegal, que fragmenta aún más la selva. Datos de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente indicaron que la comarca se mantiene entre las entidades con mayor incidencia de tala clandestina, con cientos de reportes anuales que, en su mayoría, se concentraron en zonas de difícil acceso, donde la vigilancia institucional enfrenta limitaciones operativas.
El contraste económico profundizó el problema, dado que mientras una hectárea de palma puede generar hasta 100 mil pesos al año, los incentivos para conservar el bosque resultan marginales. En la entidad, más del 60 por ciento de la superficie forestal presenta algún grado de degradación, y la expansión ganadera avanza sobre terrenos cubiertos por selva, lo que consolida un modelo de ocupación que prioriza la producción sobre la conservación.
En este escenario, la Selva Lacandona no solo enfrenta una reducción territorial, también una fragmentación que pone en riesgo su capacidad de sostener biodiversidad y regular ciclos hidrológicos. La región concentra una de las mayores reservas de agua dulce del país y alberga especies emblemáticas cuya permanencia depende de la integridad del ecosistema, lo que convierte la disputa por el uso del suelo en un tema que trasciende lo ambiental y se instala en el futuro mismo del territorio chiapaneco.











































