May Rosas
La Nueva ERA llegó al Soconusco con mochilas y bicicletas
Tapachula tiene una deuda histórica que pocos gobiernos se atrevieron a saldar. Quienes viven en esta región del Soconusco saben bien lo que significa esperar décadas por políticas públicas que realmente toquen la puerta de sus colonias y sus escuelas, por eso la reciente gira del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar por este municipio no puede leerse como un simple acto de entrega de apoyos, es un mensaje claro de que el centro de la atención gubernamental ha cambiado de coordenadas.
El mandatario llegó a la Escuela Secundaria del Soconusco con un compromiso tangible, ahí entregó mochilas escolares a cientos de estudiantes, pero el gesto trascendió lo material, cada mochila representó una decisión política orientada a aliviar la economía de las familias tapachultecas, especialmente en tiempos donde el regreso a clases implica un gasto fuerte para madres y padres que muchas veces deben elegir entre útiles o la comida de la quincena. Ramírez Aguilar lo expresó con claridad al anunciar que este apoyo se dispersará en las 75 escuelas secundarias del municipio, tanto estatales como federales, la meta es que ninguna familia tenga que cargar con ese desembolso y que los jóvenes inicien el ciclo escolar en condiciones dignas.
Pero hay un segundo anuncio que merece atención, el gobernador informó que este plantel también será incorporado al programa Bicis que Transforman, una iniciativa que ofrece una alternativa de transporte eficiente y saludable para los estudiantes. En una ciudad como Tapachula, donde las distancias y el calor complican los traslados, una bicicleta no es un lujo, es una herramienta de libertad educativa. Menos tiempo en el transporte público o caminando bajo el sol significa más tiempo para estudiar, para descansar y para seguir adelante.
El secretario de Educación, Roger Mandujano Ayala, soltó un dato revelador. Originalmente, el programa de mochilas estaba diseñado para solo 12 municipios prioritarios, pero el gobernador ordenó ampliarlo para incluir a Tapachula, esa decisión no es menor, reconoce una exclusión histórica del Soconusco y pone sobre la mesa un estilo de gobernar que escucha el territorio antes que los escritorios. Mandujano también subrayó la coordinación con el Gobierno federal, un vínculo que permite duplicar el alcance de las becas y garantizar que el derecho a la educación no sea un discurso vacío.
EL CAMPO QUE PRODUCE ES EL FUTURO QUE CONSTRUIMOS
En los últimos años, el discurso sobre el desarrollo de Chiapas ha girado en torno a la entrega de apoyos directos, una fórmula que ha demostrado ser insuficiente para transformar la realidad de las familias que viven en las regiones rurales, por eso la voz del senador Luis Armando Melgar Bravo llega en un momento crucial, porque nos recuerda algo elemental, dado que recuperar los apoyos productivos al campo no es una medida asistencial, es la base para que Chiapas vuelva a caminar con sus propias piernas.
Chiapas tiene una riqueza natural que pocas entidades del país pueden presumir, sus suelos fértiles, su vocación ganadera y su potencial turístico son motores que esperan ser encendidos con políticas públicas bien orientadas. El senador Melgar Bravo lo ha dicho con claridad, señalando que el desarrollo no se construye únicamente repartiendo recursos, se construye creando condiciones para que la gente produzca, emprenda y salga adelante con su trabajo. Esa reflexión encierra una verdad incómoda para quienes creen que la solución está en los subsidios sin acompañamiento.
Hace algunos años existían programas enfocados en fortalecer la producción del campo mediante apoyos para insumos, equipamiento y tecnificación. Esos mecanismos ayudaban a miles de productores a mejorar su rendimiento, a sembrar con mejores herramientas y a planificar sus cultivos con certeza, sin embargo, muchas de esas iniciativas han desaparecido o se han reducido a niveles que apenas rozan lo simbólico. Hoy escuchamos a campesinos y ganaderos de la Frailesca, el Soconusco o Los Altos contar que ya no cuentan con los fertilizantes, la maquinaria o la asesoría técnica que antes les permitía sostener sus cosechas y llevar el sustento a sus hogares.
El llamado del senador Melgar Bravo es un llamado a la cordura económica, invertir en el campo significa entregar herramientas a quienes producen, fortalecer las cadenas de valor que generan riqueza en las comunidades y garantizar que el producto del trabajo chiapaneco encuentre mercados justos, un campesino que recibe semillas mejoradas o un sistema de riego no solo aumenta su producción, también contrata jornaleros, compra insumos locales y reactiva la economía de su pueblo, esa dinámica virtuosa es la que ha sido descuidada en los últimos años, y sus consecuencias las padecemos en forma de migración, abandono de tierras y pobreza persistente.
Apostar por el campo es apostar por la seguridad alimentaria de las familias chiapanecas y por el crecimiento económico de las regiones, el senador tiene razón cuando afirma que Chiapas requiere políticas públicas que impulsen la producción y la generación de empleos, no discursos vacíos ni ocurrencias de último minuto, si queremos que la llamada Nueva ERA de Chiapas sea algo más que un eslogan de campaña, debemos consolidarla con más apoyo a quienes producen, más oportunidades para el campo y una economía que genere bienestar desde las regiones y para todas las familias, es momento de escuchar a quienes todos los días trabajan la tierra, porque un campo fuerte no mendiga limosnas, construye grandeza.
Gracias querido lector, con gusto recibocomentarios, NOS LEEMOS EN LA PRÓXIMA…




















































