El felino fue confundido por los pobladores con un náhuatl, criatura mítica que, según algunas tradiciones indígenas, puede causar daño a los humanos
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
Pobladores de la comunidad de Navenchauc, en el municipio de Zinacantán, Chiapas, dieron muerte a un jaguarundi, un felino silvestre que se encuentra en peligro de extinción en México. De acuerdo con versiones locales, los habitantes atacaron al animal por temor, puesto que lo asociaron con una entidad maligna.
El ejemplar, cuyo hábitat natural ha sido desplazado por la actividad humana, pudo haber sido una mascota exótica que escapó, según apuntan los primeros reportes. Esto se debe a que la presencia de esta especie en la región es sumamente rara, dado que su avistamiento en estado salvaje ha disminuido drásticamente en los últimos años.
Organizaciones ambientalistas han condenado el hecho y han subrayado que la muerte del jaguarundi responde a la falta de conocimiento sobre la fauna local. Este pequeño felino, que no representa peligro para los seres humanos, fue abatido debido a creencias erróneas y miedo infundado. Hasta el momento, las autoridades no han informado si se tomarán medidas legales contra los responsables.
EL JAGUARUNDI: UNA ESPECIE EN PELIGRO
El jaguarundi (Herpailurus yagouaroundi), de acuerdo con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), es un felino de tamaño mediano que alcanza entre 50 y 70 centímetros de longitud, sin contar su cola, que mide entre 30 y 60 centímetros. Su peso varía de 2.5 a 10 kilogramos y su apariencia es similar a la de un puma, aunque con una constitución más esbelta.
A diferencia de otros felinos silvestres, el jaguarundi se distingue por su capacidad de adaptación a distintos ecosistemas, desde bosques tropicales hasta matorrales y selvas bajas. Su alimentación se basa en pequeños mamíferos y aves, además de reptiles y anfibios. También aprovecha los peces atrapados en riberas de ríos y lagos.
A pesar de su capacidad para habitar diversos entornos, la especie enfrenta un grave riesgo debido a la deforestación y la caza furtiva. La Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010 lo incluye en su lista de especies amenazadas, lo que significa que su conservación es prioritaria para evitar su desaparición.
El incidente en Zinacantán pone de manifiesto el desconocimiento de muchas comunidades sobre la biodiversidad local y la importancia de proteger especies en peligro de extinción. En zonas rurales, aún persisten creencias que asocian a ciertos animales con fuerzas malignas, lo que en ocasiones los convierte en blanco de ataques injustificados.
Para los defensores del medio ambiente, este caso subraya la necesidad de implementar programas de educación ambiental en comunidades indígenas y rurales. Con un mayor conocimiento sobre las especies que habitan su entorno, los pobladores podrían aprender a coexistir con la fauna silvestre en lugar de verla como una amenaza.
Hasta el momento, ninguna autoridad ha anunciado investigaciones o sanciones por la muerte del jaguarundi en Zinacantán. De acuerdo con la legislación mexicana, la caza de especies protegidas puede derivar en sanciones administrativas e incluso penales, pero en la práctica, pocos casos llegan a ser castigados.
El llamado de organizaciones ecologistas es claro: es urgente reforzar las políticas de protección de la fauna silvestre y fomentar la conciencia ambiental en las comunidades. La preservación del jaguarundi y de muchas otras especies depende de la acción inmediata de las autoridades y de la educación de la población sobre la importancia de la vida silvestre en los ecosistemas.
El extraño suceso ha sacudido a los habitantes de la comunidad de Navenchauc, en el municipio de Zinacantán, donde un jaguarundi fue encontrado dentro de un domicilio particular. El felino, que en realidad es una especie silvestre de la región, fue confundido por los pobladores con un náhuatl, criatura mítica que, según algunas tradiciones indígenas, puede causar daño a los humanos. Debido a este malentendido, el jaguarundi fue atacado por los lugareños y, a pesar de los intentos de algunos testigos por detener la agresión, el animal murió minutos después.
Este incidente, sin embargo, no quedó en un hecho aislado, dado que en las últimas horas han aparecido otros ejemplares de jaguarundi en el vecino municipio de San Juan Chamula. El hallazgo ha generado una mezcla de sorpresa y preocupación entre los tsotsiles, quienes han hecho un llamado a la comunidad para que eviten maltratar a estos animales y comprendan que forman parte de la biodiversidad de Los Altos de Chiapas.
El avistamiento más reciente de los jaguarundis ocurrió en un camino de terracería que conecta los municipios de Zinacantán y Chamula. Un grupo de habitantes logró captar en video al menos tres ejemplares caminando bajo los árboles de pino, desplazándose con cautela en una zona poco transitada. Estas imágenes han despertado el interés de especialistas en fauna silvestre, quienes han señalado que la presencia de estos felinos en la región no es común.
Ante esta situación, los habitantes de Chamula han tomado una postura distinta a la de Zinacantán y han pedido a la comunidad que no ataque a los jaguarundis, sino que respete su presencia y los proteja. Sin embargo, la repentina aparición de estos felinos en la zona ha generado especulaciones. Algunos pobladores creen que estos animales podrían haber sido liberados por personas que los mantenían en cautiverio y que, ante la creciente vigilancia de las fuerzas de seguridad en la región, decidieron soltarlos para evitar problemas legales.
Desde hace varias semanas, en los municipios de Zinacantán y Chamula se han realizado operativos de vigilancia por parte del grupo Fuerza de Reacción Inmediata Pakal (FRIP), en conjunto con otras corporaciones de seguridad. Se sospecha que esta presencia policiaca ha llevado a quienes tenían a los jaguarundis en cautiverio a dejarlos en libertad de manera repentina.
El video grabado por un indígena tsotsil ha sido clave para documentar el avistamiento de los felinos. En la grabación se observa cómo los jaguarundis caminan por el sendero, aparentemente desorientados. Este hecho ha encendido las alarmas entre los ambientalistas, quienes han solicitado la intervención urgente de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) para que tome medidas en el rescate y resguardo de los animales.
Las comunidades de la región también han expresado su preocupación, puesto que temen que estos felinos puedan correr la misma suerte que el ejemplar encontrado en Zinacantán. Por ello, han pedido tanto a las autoridades como a la población en general que eviten el maltrato de los jaguarundis y los dejen vivir en su hábitat natural.
“Es importante que la gente entienda que estos animales no son peligrosos para los humanos. Su presencia en la zona es algo inusual, pero debemos respetarlos y protegerlos”, comentó un habitante de Chamula que presenció el avistamiento.
El jaguarundi (Herpailurus yagouaroundi) es un felino silvestre que habita en diferentes regiones de América, pero en México su población se ha visto seriamente afectada. Factores como la deforestación, el avance de la agricultura y la ganadería han reducido considerablemente su hábitat, lo que ha provocado que cada vez sea más difícil encontrarlos en libertad.
A pesar de que no figura dentro de la lista de especies en peligro de extinción, su avistamiento en Los Altos de Chiapas ha encendido las alertas de los conservacionistas, quienes consideran que la supervivencia de estos felinos depende de la conciencia y la educación ambiental de las comunidades locales.
“Este caso debe ser un llamado de atención para las autoridades. No podemos permitir que estos animales sean maltratados por desconocimiento. Es urgente que Profepa actúe y que se implemente un programa de educación ambiental para que las personas comprendan la importancia de estos felinos en el ecosistema”, señaló un biólogo de la región.
Mientras las autoridades ambientales analizan la situación, los indígenas de Chamula han asumido la responsabilidad de vigilar la zona para evitar nuevos ataques contra los jaguarundis. Han recorrido senderos y caminos rurales para asegurarse de que ningún poblador intente hacerles daño y, en caso de ser necesario, planean resguardarlos hasta que las autoridades los reubiquen en una zona segura.
“Nosotros los estamos cuidando porque sabemos que son parte de la naturaleza. No queremos que se repita lo que pasó en Zinacantán”, afirmó un residente de la comunidad.
El caso de los jaguarundis ha demostrado la necesidad de reforzar el conocimiento sobre la fauna silvestre en la región, especialmente en comunidades donde aún persisten creencias que asocian a ciertos animales con mitos y supersticiones.
Los jaguarundis, con su elegante pelaje y sus movimientos sigilosos, representan una parte invaluable de la biodiversidad de Los Altos de Chiapas. Su aparición repentina ha despertado inquietudes, pero también ha generado una oportunidad para fomentar su conservación.
Por ello, el llamado de los indígenas tsotsiles no debe ser ignorado: es fundamental que autoridades, especialistas y población trabajen juntos para proteger a estos felinos y evitar que sufran daños a causa del desconocimiento.
El futuro de los jaguarundis en esta región aún es incierto, pero lo que está claro es que su presencia ha cambiado la perspectiva de muchas personas sobre la fauna silvestre. Ahora, la tarea es asegurar su supervivencia y evitar que incidentes como el ocurrido en Zinacantán vuelvan a repetirse.




















































