Se prevé modernizar dos mil 500 hectáreas distribuidas en cuatro distritos de riego de la entidad
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
Como parte de la estrategia integral del Gobierno de México para fomentar el desarrollo social y económico en el sur del país en Chiapas, mpulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) ha puesto en marcha un ambicioso programa de tecnificación del campo en Chiapas, con una inversión estimada en 140 millones de pesos (mdp), se prevé modernizar dos mil 500 hectáreas distribuidas en cuatro distritos de riego de la entidad, lo que beneficiará directamente a más de 140 familias productoras, principalmente de zonas históricamente relegadas en materia de infraestructura social.
Los distritos de riego intervenidos son: el 046 Cacahoatán-Suchiate, el 059 Río Blanco, el 101 Cuxtepeques y el 107 San Gregorio. Estas regiones, dedicadas mayoritariamente a la producción de cultivos como café, plátano, maíz, hortalizas y pastizales, han padecido durante décadas la falta de inversión en sistemas de captación, almacenamiento y distribución de agua, lo que ha limitado su productividad y perpetuado condiciones de marginación.
De acuerdo con el plan presentado por la Conagua, los trabajos de tecnificación se ejecutarán durante 2026, con un enfoque prioritario en la mejora de la operación y conservación de la infraestructura hidroagrícola. Esto incluye desde la rehabilitación de canales y equipos de bombeo hasta la adquisición de maquinaria especializada que permitirá a los propios usuarios dar mantenimiento a sus sistemas de riego sin depender exclusivamente de apoyos externos.
Del total de 140 mdp, el Gobierno federal, a través de la Conagua, destina 70 millones de pesos, el resto deberá ser cubierto por los usuarios, de acuerdo con los lineamientos del programa de apoyo a la infraestructura hidroagrícola, sin embargo, en un giro significativo hacia la inclusión y la equidad, las autoridades han ampliado las modalidades de aportación para aquellos productores con menores recursos económicos.
Ahora, los campesinos y pequeños agricultores podrán contribuir en especie, con mano de obra, materiales locales, o uso de su propia maquinaria, o mediante la gestión de apoyos complementarios de otras instituciones públicas como la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), Financiera para el Bienestar (Finabien) o los ayuntamientos locales, esta flexibilidad busca garantizar que la falta de liquidez no sea un obstáculo para acceder a los beneficios de la tecnificación.
“No se trata de excluir a quien menos tiene, sino todo lo contrario: la justicia social implica generar condiciones diferenciadas para quienes han sido históricamente desfavorecidos, por eso ampliamos las opciones de colaboración”, explicó un vocero de la Conagua en Chiapas.
La inversión federal se orientará exclusivamente a obras que beneficien de manera directa a los productores y usuarios de riego. Esto incluye:
-Rehabilitación y revestimiento de canales principales y laterales para reducir pérdidas por filtración.
-Instalación de sistemas de riego tecnificado (por goteo o aspersión) en parcelas demostrativas.
-Adquisición de equipos de medición y control de caudales.
-Compra de maquinaria especializada —como retroexcavadoras, motoniveladoras y equipos de limpieza a presión— que será administrada por los comités de usuarios para la conservación permanente de canales y pozos.
-Capacitación técnica para el manejo eficiente del agua y la operación de los nuevos sistemas.
Además, como parte de otros programas federalizados a cargo de la Conagua, se intervendrá en la modernización de presas y derivadoras clave para la seguridad hídrica de la región.
En paralelo al programa de tecnificación por hectáreas, la Conagua ha destinado una inversión federal cercana a los 10 millones de pesos para la rehabilitación y modernización de cuatro grandes infraestructuras de almacenamiento y derivación de agua:
-Presa Juan Sabines (distrito 101 Cuxtepeques).
-Derivadora El Lagartero (distrito 107 San Gregorio).
-Presa El Salado (distrito 059 Río Blanco).
-Presa Rosendo Salazar.
Estas obras impactarán directamente en más de cuatro mil hectáreas de cultivo y beneficiarán a más de dos mil 500 familias que dependen de estos cuerpos de agua para el riego de sus parcelas, las acciones incluirán el desazolve, el reforzamiento de muros, la reposición de compuertas y la instalación de sistemas de monitoreo de niveles.
De manera complementaria, la Conagua ejercerá 4.17 millones de pesos en labores de conservación de infraestructura en los distritos de riego 059 Río Blanco, 101 Cuxtepeques y 107 San Gregorio. Este rubro —que no incluye nueva tecnificación sino mantenimiento preventivo y correctivo— cubrirá aproximadamente dos mil 500 hectáreas y se espera que beneficie a cerca de mil familias.
Las tareas contemplan: limpieza y desazolve de canales, reparación de compuertas y válvulas, encauzamiento de corrientes, y pequeños revestimientos en tramos críticos, con estas acciones, se busca evitar el colapso de la infraestructura existente, garantizar la continuidad del riego en ciclos agrícolas críticos y reducir los conflictos por el reparto del agua.
Los cuatro distritos de riego intervenidos en Chiapas han sido caracterizados por la propia Conagua como zonas “relegadas del desarrollo de infraestructura social”. En regiones como el Soconusco (distrito 046) o la Depresión Central (distritos 059 y 101), los productores han denunciado durante años canales colapsados, presas azolvadas y falta de asistencia técnica, lo que ha derivado en bajos rendimientos por hectárea y migración forzada de jornaleros hacia otras entidades o hacia Estados Unidos.
“Antes, el Gobierno nos volteaba a ver solo cuando había sequía o inundación, ahora hablan de tecnificación, de mantenimiento, de presas, Es un cambio de enfoque, ojalá los recursos lleguen realmente y no se queden en el camino”, comentó en entrevista un líder ejidal del distrito 107 San Gregorio, quien pidió mantener su nombre en reserva.
La Conagua, por su parte, ha insistido en que la fiscalización y la transparencia serán ejes centrales del programa, se integrarán comités de contraloría social integrados por los propios beneficiarios, y se publicará trimestralmente el avance financiero y físico de cada obra en el portal de transparencia del organismo.
El programa de tecnificación en Chiapas se inscribe en una política más amplia del Gobierno de Claudia Sheinbaum para recuperar el rezago histórico del sur-sureste mexicano. A diferencia de administraciones anteriores, donde los recursos hídricos solían concentrarse en distritos de riego del norte y occidente del país, con cultivos de alto valor comercial como berries, espárragos o forrajes, la estrategia actual prioriza a pequeños y medianos productores de regiones marginadas.
La propia presidenta ha señalado en múltiples ocasiones que “no puede haber desarrollo social sin agua, ni agua sin gestión comunitaria”, bajo esa premisa, la Conagua ha modificado sus reglas de operación para fomentar la coinversión y la corresponsabilidad, pero con mecanismos que eviten la exclusión de los más pobres.
DESAFÍOS Y EXPECTATIVAS PARA 2026
A pesar del entusiasmo inicial, los especialistas advierten que la tecnificación del campo chiapaneco enfrenta retos significativos:
1. Capacitación técnica: No basta con instalar equipos de riego por goteo o reparar presas; es necesario formar a los productores en su operación y mantenimiento.
2. Organización de usuarios: La aportación en especie requiere una alta capacidad de gestión y acuerdos colectivos, lo que en algunos ejidos con conflictos internos puede ser complejo.
3. Vigilancia ante desvíos: Históricamente, los programas de infraestructura rural han sido vulnerables a la corrupción y al desvío de recursos, la contraloría social será clave.
4. Sostenibilidad hídrica: Chiapas es una de las regiones con mayor disponibilidad de agua en México, pero su distribución es desigual, la tecnificación no debe incentivar el desperdicio, sino el uso eficiente.
La Conagua ha refrendado su compromiso de fortalecer la infraestructura hidroagrícola de entidades del sur del país, como Chiapas, para impulsar el aprovechamiento sustentable de los recursos hídricos en el campo y contribuir a su desarrollo social y económico, para el bienestar de las familias más vulnerables.
Con 140 millones de pesos en juego, dos mil 500 hectáreas por tecnificar, cuatro presas rehabilitadas y más de cuatro mil familias beneficiadas en su conjunto, el programa de la Conagua representa una oportunidad histórica para transformar el campo de Chiapas, pero también es una prueba de fuego para la nueva administración federal: de su éxito o fracaso dependerá si el discurso del desarrollo del sur se traduce en hechos concretos o se queda en un anuncio más.
Los productores ya han comenzado a organizarse; en asambleas ejidales y módulos de riego, discuten cómo cubrir su parte de la inversión, qué cultivos podrían sembrarse con mayor eficiencia hídrica y cómo evitar que la tecnificación genere nuevas desigualdades entre parcelas grandes y pequeñas, mientras tanto, la Conagua ultima los dictámenes técnicos y los calendarios de licitación para que, a partir del primer trimestre de 2026, las maquinarias entren a los campos del Soconusco, la Depresión Central y los Valles Altos.
El agua, ese recurso que durante siglos fue abundante, pero mal administrado en Chiapas, podría convertirse ahora en la palanca de desarrollo que miles de familias campesinas han esperado durante generaciones. La nota está escrita. Falta escribir la historia.




















































