El Soconusco se ha convertido en una válvula de presión donde la espera, desesperación y políticas migratorias restrictivas han redefinido el rostro del tránsito por México
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
La noche del martes, la quietud del Parque Bicentenario en Tapachula se rompió con el murmullo de más de 500 de voces cansadas, pero decididas, realizaron una caravana, bajo el nombre simbólico de Caravana “Génesis 2026”, un nuevo contingente de personas migrantes emprendió una marcha hacia la Ciudad de México, en un acto que representa tanto un grito de auxilio como una denuncia contundente contra el colapso burocrático que mantiene a miles en un limbo legal en la frontera sur de México.
El recorrido, que inició alrededor de las 20:00 horas con destino al centro del país, resume una crisis humanitaria que se ha ido gestando durante casi una década. Desde 2018, cuando las primeras caravanas masivas visibilizaron la migración en bloque como estrategia de supervivencia, hasta la fecha, la región del Soconusco se ha convertido en una válvula de presión donde la espera, la desesperación y las políticas migratorias restrictivas han redefinido el rostro del tránsito por México.
EL DETONANTE: HARTAZGO BUROCRÁTICO Y EL NACIMIENTO DE “GÉNESIS 2026”
La movilización que partió esta semana no surgió de un acto espontáneo, sino del agotamiento acumulado. Los integrantes de la Caravana “Génesis 2026”, conformada por familias completas y viajeros solos originarios de Haití, Cuba, Venezuela, Colombia, Honduras, El Salvador y Guatemala, señalaron un detonante común: la lentitud extrema de los trámites ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).
“Estamos hartos de la burocracia”, expresó uno de los voceros del grupo durante la concentración inicial. Su testimonio refleja una realidad sistémica: los procesos para obtener la condición de refugiado en México pueden prolongarse por más de un año. En ese lapso, los solicitantes quedan atrapados en Tapachula, la puerta de entrada al país, con constancias que no les permiten acceder plenamente al empleo formal ni continuar su ruta hacia el norte.
Los participantes denunciaron un fenómeno que ha sido señalado por organizaciones civiles como la “privatización de la espera”: muchos procesos solo avanzan si se contratan servicios legales privados, generando una brecha entre quienes pueden pagar un abogado y quienes dependen exclusivamente de la capacidad operativa del Estado. “Algunos llevamos un año y medio varados sin una respuesta definitiva”, afirmó otro migrante haitiano que caminaba con sus dos hijos pequeños.
Tras la salida nocturna desde Tapachula, el contingente —que en sus primeras horas alcanzó los mil 500 integrantes— inició un éxodo controlado por la carretera costera. De acuerdo con el seguimiento realizado en campo, la caravana arribó a las tres de la madrugada de este miércoles al parque 5 de Mayo de Huehuetán Estación. Tras un receso de poco más de tres horas, los migrantes retomaron su trayecto a las 6:50 horas con dirección al municipio de Huixtla.
Las autoridades de seguridad y auxilio han acompañado el recorrido sin incidentes mayores hasta el momento. Sin embargo, el factor climático se perfila como el principal adversario en esta etapa. Se prevé que al mediodía la temperatura en la región alcance los 36 grados Celsius, una condición extrema que, sumada a la humedad del litoral, pone en riesgo de golpe de calor a los niños, mujeres embarazadas y adultos mayores que integran la caravana.
Se espera que los primeros grupos lleguen aproximadamente a las 11:00 horas a la entrada principal de Huixtla, donde históricamente las caravanas han utilizado el domo de la curva ubicado en el barrio Guadalupe como punto de descanso y reabastecimiento. Hasta el cierre de esta edición, autoridades de los tres órdenes de Gobierno no han emitido pronunciamiento oficial respecto al desplazamiento, aunque mantienen labores de acompañamiento en el trayecto.
CONTEXTO HISTÓRICO: LAS CARAVANAS MIGRANTES EN MÉXICO (2018-2026)
El fenómeno de las caravanas no es nuevo, pero ha evolucionado en su composición y causas. Para entender la magnitud de la actual movilización, es necesario revisar el registro histórico de estos desplazamientos masivos desde la frontera sur.
2018: EL PARTEAGUAS
En marzo de 2018, el mundo fue testigo de la primera caravana mediática organizada por el grupo Pueblo Sin Fronteras, que partió desde Tapachula con cerca de mil 500 personas. Sin embargo, fue en octubre de ese mismo año cuando el fenómeno escaló: una caravana de más de siete mil migrantes hondureños cruzó el río Suchiate, desbordando la capacidad de respuesta del Instituto Nacional de Migración (INM) y marcando el inicio de una política de “contener y dispersar” por parte del Gobierno mexicano.
2019-2021: EL ENDURECIMIENTO Y LA PANDEMIA
Entre 2019 y 2021, las caravanas se volvieron menos masivas pero más constantes. En enero de 2020, antes de la declaración de la pandemia por Covid-19, se registró una caravana con al menos tres mil personas. La llegada del virus paralizó los procesos migratorios y sumió a miles en el desempleo en Tapachula, generando protestas y movilizaciones en pleno confinamiento. En 2021, la administración de Andrés Manuel López Obrador implementó el operativo “Plan Frontera Sur”, militarizando puntos clave y frenando la mayoría de los intentos de salida en caravana.
2022-2023: LA DIVERSIFICACIÓN DE NACIONALIDADES
A partir de 2022, la composición de las caravanas cambió radicalmente. Si antes predominaban los centroamericanos (hondureños, guatemaltecos y salvadoreños), la crisis en Haití, el colapso en Cuba y la diáspora venezolana transformaron la demografía. Caravanas como la de julio de 2022, que reunió a más de seis mil personas de 20 nacionalidades, evidenciaron que México ya no era solo un país de tránsito, sino un destino frustrado y una frontera de contención para Estados Unidos.
2024-2025: LA SATURACIÓN DE LA COMAR
Durante estos años, el colapso de la COMAR se hizo evidente. Con más de 140 mil solicitudes de refugio anuales —la mayoría concentradas en Chiapas—, los tiempos de resolución se dispararon hasta los 18 meses. Organizaciones defensoras de derechos humanos comenzaron a documentar el fenómeno de los “varados”: migrantes que, al no poder avanzar por las vías regulares, se endeudaban con polleros o se integraban a caravanas de “desesperación”. En noviembre de 2024, una caravana denominada “Viacrucis Migrante” intentó avanzar, pero fue disuelta por las autoridades en Oaxaca.
2026: EL REGRESO DE LAS CAMINATAS COLECTIVAS
El 2026 comenzó con una creciente presión. La caravana “Génesis 2026” es la primera movilización masiva del año, pero no la única en el periodo reciente. Organizaciones civiles reportan que al menos cinco intentos de salida colectiva se han registrado en lo que va del año, aunque ninguno con la organización logística que presenta este grupo. La diferencia en esta ocasión es el componente de denuncia directa: los migrantes no solo buscan avanzar, sino visibilizar un sistema de regularización que consideran “diseñado para fracasar”.
LA PROBLEMÁTICA POR PAÍS DE ORIGEN: UN CRISOL DE VIOLENCIAS Y NECESIDADES
La Caravana “Génesis 2026” no es homogénea. Sus integrantes provienen de contextos disímiles, pero convergen en un mismo punto de la geografía mexicana. A continuación, un análisis de las problemáticas específicas que enfrentan las principales nacionalidades presentes:
HAITÍ: LA ETERNA DIÁSPORA
Los migrantes haitianos constituyen uno de los grupos más vulnerables y numerosos en Tapachula. Tras el terremoto de 2010 y la crisis política actual, Haití vive una diáspora continua. Muchos de los haitianos que hoy caminan llegaron originalmente desde Sudamérica (Brasil, Chile), escapando de condiciones laborales precarias y racismo estructural. En Tapachula, enfrentan barreras idiomáticas (la mayoría habla criollo haitiano o francés), discriminación y una casi nula posibilidad de inserción laboral digna. Su principal reclamo es la revalidación de documentos y la agilización del tránsito, puesto que muchos llevan más de dos años en México sin poder reunificarse con familiares en Estados Unidos o Canadá.
CUBA: LA RUTA AÉREA TRUNCADA
La comunidad cubana ha experimentado un cambio drástico. Hasta 2023, muchos llegaban vía aérea a Nicaragua con vuelos chárter para iniciar el camino terrestre. Sin embargo, el endurecimiento de las visas y la suspensión de vuelos los ha forzado a rutas más peligrosas. En la caravana, los cubanos son el segundo grupo en número. Su problemática es particular: a diferencia de otros, muchos no buscan asilo político en México, sino el libre tránsito bajo el estatus de “parole humanitario” hacia Estados Unidos. Sin embargo, las citas del CBP One están colapsadas, y la falta de recursos los obliga a caminar. Su principal denuncia es la extorsión por parte de autoridades locales en la frontera, que les exigen pagos para “permisos” que no existen.
VENEZUELA: DE LA ESPERANZA A LA DEPORTACIÓN SELECTIVA
La crisis humanitaria venezolana ha desplazado a más de siete millones de personas. En México, los venezolanos enfrentan un estigma particular debido a las políticas migratorias diferenciadas de Estados Unidos. Desde octubre de 2023, las deportaciones en caliente hacia México de venezolanos que cruzan irregularmente a EE.UU. han saturado las ciudades fronterizas del norte, pero el efecto dominó llega hasta Tapachula. Muchos de los venezolanos en la caravana ya intentaron cruzar por el norte y fueron devueltos, o están esperando que sus familiares allá acumulen recursos. Denuncian que en Chiapas son víctimas de secuestros exprés por parte de grupos del crimen organizado que controlan tramos de la carretera.
COLOMBIA: EL NUEVO PERFIL MIGRANTE
La presencia de colombianos en las caravanas ha crecido exponencialmente en los últimos dos años. Expulsados por la violencia de grupos armados, el desplazamiento forzado y la crisis económica, muchos colombianos llegan con estudios profesionales, pero terminan varados. Su problemática es la invisibilidad: no son considerados por la mayoría de los programas de asistencia humanitaria focalizados en haitianos o centroamericanos. En Tapachula, enfrentan una competencia laboral desleal y, al igual que los venezolanos, son blanco de redes de trata con falsas promesas de empleo en el norte del país.
CENTROAMÉRICA (HONDURAS, EL SALVADOR, GUATEMALA): EL RETORNO A LA RUTA
Aunque su número ha disminuido porcentualmente debido a la llegada de otras nacionalidades, los centroamericanos siguen siendo el esqueleto de las caravanas. Para ellos, el fenómeno es cíclico. Muchos ya habían sido deportados de Estados Unidos o México en administraciones anteriores y ahora intentan nuevamente la travesía. Su problemática es la persecución directa: pandillas, violencia doméstica y falta de oportunidades. En el contexto actual, denuncian que el INM los prioriza para deportaciones rápidas bajo acuerdos de “frontera sur controlada”, mientras que a otras nacionalidades se les otorgan citas, generando un trato diferenciado que consideran discriminatorio.
EL “LIMBO LEGAL”: SATURACIÓN DE ALBERGUES Y LA CRISIS DE LA COMAR
El escenario que detonó la Caravana “Génesis” es el resultado de años de desatención estructural. Organizaciones civiles como el Centro de Dignificación Humana (CDH) y el Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI) han documentado lo que denominan un “limbo legal” para miles de personas en el Soconusco.
Tapachula alberga actualmente a más de 15 mil migrantes en situación irregular o en trámite, según estimaciones no oficiales. La capacidad de los albergues —como el Belén, el Jesús el Buen Pastor o el del Ayuntamiento— está colapsada. La saturación ha llevado a que cientos de familias vivan en situación de calle en los alrededores del parque Bicentenario o en las afueras de las oficinas de la COMAR.
La COMAR, por su parte, enfrenta un déficit estructural. Con una plantilla diseñada para procesar 10 mil solicitudes anuales, en 2025 recibió más de 150 mil. Aunque se han anunciado contrataciones, los tiempos de respuesta no han disminuido. Además, la dependencia ha sido criticada por aplicar criterios restrictivos basados en listas de “países seguros” que no consideran la violencia intrafamiliar o la persecución por orientación sexual como causales válidas en naciones como Cuba o Venezuela.
Defensores de derechos humanos advierten que el desplazamiento masivo en caravana, si bien es un derecho, representa riesgos importantes. “La exposición a condiciones climáticas extremas, los posibles actos de extorsión por parte de grupos delictivos que operan en la región del Istmo, y los operativos migratorios sorpresa en puntos como el filtro de San Pedro Tapanatepec, ponen en peligro la integridad de estas personas, especialmente de los niños”, señaló un representante de Amnistía Internacional presente en la zona.
Hasta el cierre de esta edición, ni el Instituto Nacional de Migración (INM) ni la COMAR habían emitido información oficial detallada sobre la movilización “Génesis 2026”. Sin embargo, fuentes consultadas en la Delegación Federal de Chiapas confirmaron que se mantiene un operativo de acompañamiento “humanitario” a lo largo de la carretera costera.
Este acompañamiento suele consistir en la presencia de la Guardia Nacional y la policía estatal para “evitar accidentes viales”, así como la instalación de puntos de hidratación por parte de Protección Civil. No obstante, organizaciones de la sociedad civil critican que estas acciones no abordan la raíz del problema: la lentitud administrativa.
“El Gobierno sabe que los migrantes van a salir porque el sistema está roto. En lugar de militarizar la ruta, deberían agilizar los procesos para que quienes quieran quedarse tengan un estatus legal rápido y quienes quieran continuar tengan salvoconductos. Mientras tanto, estas caravanas seguirán siendo una constante”, afirmó el director de un albergue local que pidió resguardar su nombre.
En el plano político, la situación ha generado fricciones entre el Gobierno estatal de Chiapas y la Federación. Mientras el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha solicitado en múltiples ocasiones “más presupuesto para atender la crisis humanitaria”, la Secretaría de Gobernación (Segob) ha mantenido un discurso de “contención ordenada”, sin reconocer públicamente el colapso de la COMAR como una crisis de derechos humanos.
EL ROSTRO HUMANO DE LA CARAVANA: ENTRE LA ESPERANZA Y EL AGOTAMIENTO
Más allá de las cifras y los análisis geopolíticos, la Caravana “Génesis 2026” está compuesta por historias individuales que reflejan el drama migratorio contemporáneo.
En la primera fila del contingente que partió de Huehuetán esta mañana, caminaba María Eugenia, una venezolana de 45 años que llegó a Tapachula hace 14 meses. “Vendí mi casa en Maracaibo para pagar los vuelos a Nicaragua. Pensé que en tres meses estaría en Texas con mi hermana. Llevo más de un año durmiendo en un colchón prestado en un albergue, lavando carros para darle de comer a mi hijo. Mi hermana ya no puede esperar más. Prefiero caminar mil 500 kilómetros antes de seguir esperando un papel que no llega”, relató con la mirada fija en el horizonte.
A pocos metros, un grupo de jóvenes cubanos discute el trayecto. Llevan mochilas negras y gorras. “Aquí en Chiapas te piden mil pesos para darte una ‘información’ que debería ser gratuita. La policía te detiene si no tienes un papel, pero la COMAR te da una cita para dentro de ocho meses. Es un círculo vicioso”, comentó Alejandro, quien trabajó como técnico en refrigeración en La Habana.
En la retaguardia, una familia haitiana empuja una carriola con dos niños pequeños. Hablan en criollo y señalan un autobús que los acompaña. “Ese es el único apoyo, que no nos atropellen. Pero nadie nos dice si podremos pasar los filtros del Istmo. Allí es donde siempre nos devuelven”, dijo el padre, Jean, a través de un traductor.
El fenómeno de las caravanas ha demostrado ser cíclico y adaptable. Aunque el Gobierno mexicano ha intentado desincentivarlas mediante la expedición de tarjetas de visitante por razones humanitarias en el sur —un programa que benefició a miles en 2023—, la burocracia y la lentitud han neutralizado esos avances.
La Caravana “Génesis 2026” no es un hecho aislado. Es la expresión de un sistema migratorio mexicano que, a casi ocho años de la primera gran caravana, sigue operando con una lógica de contención en lugar de una política integral de movilidad humana. Mientras la COMAR no resuelva su rezago estructural, mientras el INM siga priorizando la deportación sobre la regularización, y mientras no exista una ruta clara de movilidad interna para los solicitantes de asilo, las salidas masivas desde Tapachula se repetirán.
Al cierre de esta edición, los primeros grupos de la caravana se aproximaban al municipio de Huixtla, donde se prevé una pausa prolongada. Las autoridades de los tres órdenes de Gobierno continúan brindando acompañamiento en el trayecto, pero aún no han ofrecido una solución concreta a las demandas de fondo: acabar con el hartazgo burocrático que ha convertido a Tapachula en una prisión al aire libre para miles de migrantes.
El sol de mediodía comienza a castigar la carretera costera. Los pies de los caminantes dejan huellas en el asfalto caliente. Detrás de ellos, Tapachula se desvanece en el polvo; adelante, la incertidumbre de un país que, una vez más, los recibe con la mano extendida en los operativos de auxilio, pero con la puerta cerrada en las oficinas donde se define su destino.




















































